Cultura
Recuerdan a Alfonso Méndez Plancarte
Dejó con apenas 45 años de edad una obra literaria muy vasta, selecta y variada
CIUDAD DE MÉXICO.-Como descubridor de la literatura novohispana fue recordado la víspera Alfonso Méndez Plancarte, en una sesión pública por la Academia Mexicana de la Lengua (AML), con motivo del centenario de su nacimiento, el dos de septiembre próximo.
En la sesión de reconocimiento, en la sede de la academia, en la colonia Juárez de esta ciudad, participaron Tarsicio Herrera Zapién y Arturo Azuela, quienes hicieron una breve semblanza y hablaron de los aportes de Méndez Plancarte a las letras del país.
Obtuvo el doctorado en teología en la Pontificia Universidad Mexicana obtuvo, siempre con las más altas calificaciones. En México, también fue ordenado sacerdote el 14 de febrero de 1932 y cuatro meses antes morir recibió el nombramiento de canónigo honorario de la Basílica de Guadalupe.
En un principio se dedicó al magisterio, como catedrático de Literatura Castellana y de Latín en el Seminario Arquidiocesano de México, y posteriormente a esas materias agregó Filosofía y Teología dogmática en el Seminario Diocesano de Zamora.
En 1937 sufrió afonía, por lo que no perdió la voz pero sí la soltura del habla, lo que se que se conjetura por el esfuerzo extenuante que puso en su cátedra de teología.
Al no poderse emplear en la cátedra, se refugió, para bien de las letras mexicanas, en la palabra escrita, a tal grado que dejó con apenas 45 años de edad una obra literaria muy vasta, selecta y variada.
En ella sobresalen, junto con sus estudios monográficos, traducciones clásicas y ediciones críticas de las obras completas de grandes autores.
En la sesión, se recordó que conforme a Gómez Robledo, con su antología y estudio sobre los poetas novohispanos se reveló Méndez Plancarte, a decir de Angel María Garibay, como "el descubridor de toda nuestra literatura de la etapa hispánica".
No tanto de Sor Juana Inés de la Cruz, pero sí iluminó aspectos inéditos de ella, sobre todo el comentario y prosificación que hizo del poema mayor de la Décima Musa, "Primero sueño". También su exégesis alcanzó a Rubén Darío, Amado Nervo y Salvador Díaz Mirón.
Entre sus traducciones campea la versión que hizo de 40 odas selectas de Horacio, con ritmo, número y acento en perfecta semejanza con el original, un verdadero prodigio.
Primer titular de la silla número XXVII, Alfonso Méndez Plancarte ingresó en la Academia Mexicana el 26 de enero de 1954, con un espléndido discurso sobre "Díaz Mirón, gran poeta y sumo artífice".
La Academia lo admitió por unanimidad y a propuesta de Artemio de Valle Arizpe, Nemesio García Naranjo, Julio Jiménez Rueda, Alfonso Cravioto, Alberto María Carreño, José Rubén Romero, Darío Rubio, Manuel Romero de Terreros, Alejandro Quijano y Carlos González Peña.
Escribió en el diario "El Universal", y entre sus obras se pueden mencionar "León marchante, jilguerito del Niño Dios", una colaboración en "El códice Gómez Orozco", además de diversos ensayos.
Sobresalen "El grano de mostaza (1938), "Ripalda frente a Gasparri" (1951) y "Primor y primavera de hai-kai" (1951).
En la sesión de reconocimiento, en la sede de la academia, en la colonia Juárez de esta ciudad, participaron Tarsicio Herrera Zapién y Arturo Azuela, quienes hicieron una breve semblanza y hablaron de los aportes de Méndez Plancarte a las letras del país.
Obtuvo el doctorado en teología en la Pontificia Universidad Mexicana obtuvo, siempre con las más altas calificaciones. En México, también fue ordenado sacerdote el 14 de febrero de 1932 y cuatro meses antes morir recibió el nombramiento de canónigo honorario de la Basílica de Guadalupe.
En un principio se dedicó al magisterio, como catedrático de Literatura Castellana y de Latín en el Seminario Arquidiocesano de México, y posteriormente a esas materias agregó Filosofía y Teología dogmática en el Seminario Diocesano de Zamora.
En 1937 sufrió afonía, por lo que no perdió la voz pero sí la soltura del habla, lo que se que se conjetura por el esfuerzo extenuante que puso en su cátedra de teología.
Al no poderse emplear en la cátedra, se refugió, para bien de las letras mexicanas, en la palabra escrita, a tal grado que dejó con apenas 45 años de edad una obra literaria muy vasta, selecta y variada.
En ella sobresalen, junto con sus estudios monográficos, traducciones clásicas y ediciones críticas de las obras completas de grandes autores.
En la sesión, se recordó que conforme a Gómez Robledo, con su antología y estudio sobre los poetas novohispanos se reveló Méndez Plancarte, a decir de Angel María Garibay, como "el descubridor de toda nuestra literatura de la etapa hispánica".
No tanto de Sor Juana Inés de la Cruz, pero sí iluminó aspectos inéditos de ella, sobre todo el comentario y prosificación que hizo del poema mayor de la Décima Musa, "Primero sueño". También su exégesis alcanzó a Rubén Darío, Amado Nervo y Salvador Díaz Mirón.
Entre sus traducciones campea la versión que hizo de 40 odas selectas de Horacio, con ritmo, número y acento en perfecta semejanza con el original, un verdadero prodigio.
Primer titular de la silla número XXVII, Alfonso Méndez Plancarte ingresó en la Academia Mexicana el 26 de enero de 1954, con un espléndido discurso sobre "Díaz Mirón, gran poeta y sumo artífice".
La Academia lo admitió por unanimidad y a propuesta de Artemio de Valle Arizpe, Nemesio García Naranjo, Julio Jiménez Rueda, Alfonso Cravioto, Alberto María Carreño, José Rubén Romero, Darío Rubio, Manuel Romero de Terreros, Alejandro Quijano y Carlos González Peña.
Escribió en el diario "El Universal", y entre sus obras se pueden mencionar "León marchante, jilguerito del Niño Dios", una colaboración en "El códice Gómez Orozco", además de diversos ensayos.
Sobresalen "El grano de mostaza (1938), "Ripalda frente a Gasparri" (1951) y "Primor y primavera de hai-kai" (1951).