Cultura
Pelos y señales
Los artistas y la indignación global
GUADALAJARA, JALISCO (14/NOV/2011).- Vivimos en tiempos convulsos, para decirlo conforme al lugar común. Por supuesto hablo de México, donde este fin de semana tuvo lugar el episodio estremecedor de la muerte —por segunda vez en el sexenio— del hombre más importante del poder político después del Presidente. Y todo el mundo hace sus conjeturas.
Pero también siguen ocurriendo cosas en Europa, en el mundo árabe, en Estados Unidos, y no dudamos en calificarlas, si no de inéditas, por lo menos de inquietantes. Algunos artistas han mostrado su interés por lo que pasa en esos sitios. Me topé con la imagen de David Crosby y Graham Nash, iconos del espíritu contestatario que tuvo en Woodstock su momento más alto, tocando para los manifestantes de la Plaza Zuccotti. Tres días después Joan Baez lo hacía, ahora en la Foley Square, en el sur de Manhattan, ante muchos que no habían nacido cuando la emblemática representante de la “canción de protesta” causaba revuelo interpretando a Dylan.
La novelista, ensayista y, sobre todo poeta María Negroni nació en Argentina pero vive desde hace tiempo en Nueva York. Se me ocurre preguntarle cómo se ven las cosas allá desde su mirada. Me dice por teléfono:
“Acá han ocurrido cosas gravísimas de corrupción, hay mucho desempleo, salarios congelados. Y parece que ciertos sectores de jóvenes estudiantes y trabajadores, están despertando. Al vivir acá me he dado cuenta de que a la gente le cuesta mucho reaccionar y ponerse en plan de acción. Y ahora está este movimiento que se llama Occupy Wallstreet y que es una especie de “despertar”. A pesar de que hubo una esperanza cuando subió Obama, se ha demostrado que el poder de las corporaciones es mucho más grande que las buenas intenciones que pueda tener cualquier presidente. Acá hay mucha codicia: la gente que ha hecho dinero quiere seguir haciéndolo y no hay mucho interés por saber qué pasa con otros sectores de la población. Esto, como bien se sabe, está ocurriendo también en otras partes: en España, antes en Egipto, en Túnez... hay una especie de reacción frente al capitalismo de la globalización y de los mercados financieros...”.
Está, por supuesto, también el notable caso de Chile, donde el sueño de bonanza se topó, igual que en Nueva York, con la ruda realidad de quienes no tienen futuro visible.
Y no es que en México las cosas estén mejor. Ya sabemos del desempleo y de las escasas oportunidades educativas; los jóvenes sin futuro también abundan por acá y son frecuentes y reales los temores sobre su incorporación a la delincuencia. La cosa es que no ha explotado —hasta el momento— la indignación. ¿Cuánto tiempo faltará?
Por cierto, María Negroni estará próximamente en la Feria del Libro de Guadalajara donde sostendrá una charla pública con su colega tapatío Jorge Esquinca.
Pero también siguen ocurriendo cosas en Europa, en el mundo árabe, en Estados Unidos, y no dudamos en calificarlas, si no de inéditas, por lo menos de inquietantes. Algunos artistas han mostrado su interés por lo que pasa en esos sitios. Me topé con la imagen de David Crosby y Graham Nash, iconos del espíritu contestatario que tuvo en Woodstock su momento más alto, tocando para los manifestantes de la Plaza Zuccotti. Tres días después Joan Baez lo hacía, ahora en la Foley Square, en el sur de Manhattan, ante muchos que no habían nacido cuando la emblemática representante de la “canción de protesta” causaba revuelo interpretando a Dylan.
La novelista, ensayista y, sobre todo poeta María Negroni nació en Argentina pero vive desde hace tiempo en Nueva York. Se me ocurre preguntarle cómo se ven las cosas allá desde su mirada. Me dice por teléfono:
“Acá han ocurrido cosas gravísimas de corrupción, hay mucho desempleo, salarios congelados. Y parece que ciertos sectores de jóvenes estudiantes y trabajadores, están despertando. Al vivir acá me he dado cuenta de que a la gente le cuesta mucho reaccionar y ponerse en plan de acción. Y ahora está este movimiento que se llama Occupy Wallstreet y que es una especie de “despertar”. A pesar de que hubo una esperanza cuando subió Obama, se ha demostrado que el poder de las corporaciones es mucho más grande que las buenas intenciones que pueda tener cualquier presidente. Acá hay mucha codicia: la gente que ha hecho dinero quiere seguir haciéndolo y no hay mucho interés por saber qué pasa con otros sectores de la población. Esto, como bien se sabe, está ocurriendo también en otras partes: en España, antes en Egipto, en Túnez... hay una especie de reacción frente al capitalismo de la globalización y de los mercados financieros...”.
Está, por supuesto, también el notable caso de Chile, donde el sueño de bonanza se topó, igual que en Nueva York, con la ruda realidad de quienes no tienen futuro visible.
Y no es que en México las cosas estén mejor. Ya sabemos del desempleo y de las escasas oportunidades educativas; los jóvenes sin futuro también abundan por acá y son frecuentes y reales los temores sobre su incorporación a la delincuencia. La cosa es que no ha explotado —hasta el momento— la indignación. ¿Cuánto tiempo faltará?
Por cierto, María Negroni estará próximamente en la Feria del Libro de Guadalajara donde sostendrá una charla pública con su colega tapatío Jorge Esquinca.