Cultura

La historia como obra de identidad

Enrique Florescano participa en la Cátedra Latinoamericana Julio Cortázar con un curso y una conferencia magistral

GUADALAJARA, JALISCO.- Hacer conscientes a la nación y al pueblo de sus orígenes es la función social de la historia, explica el historiador Enrique Florescano, quien rechaza además que la investigación histórica se remita únicamente a cuestiones académicas.

El historiador veracruzano se encuentra en la ciudad para impartir esta semana el curso y la conferencia magistral ''La función social de la historia'', como parte de las actividades de la Cátedra Latinoamericana Julio Cortázar.

Uno de los puntos centrales que el coordinador del compendio Arma la historia. La nación mexicana a través de dos siglos abordará en su ponencia es la historia como disciplina formadora, sobre la que considera que sigue siendo ésta “la mejor opción”, porque “no sólo estudia cómo llegamos, sino también las interpretaciones que los contemporáneos hicieron en el pasado”.

El investigador del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) asegura que “la historia le da una idea al ciudadano de cómo se formaron los pueblos, las naciones, los estados, (por eso) creo que ésa es la mejor enseñanza del ciudadano para pararlo en su presente y pueda actuar con más información para comprender su presente, porque vio cómo fue evolucionando la parte social, la parte política, la concepción intelectual y le va dando una idea de cómo se forman las sociedades, cómo se forma ese aspecto que nos permite convivir a los diferentes individuos que tenemos ideologías, formaciones, familias, raíces diferentes que al final es lo que es el Estado, la tribu o la nación”.


– ¿Qué tanta responsabilidad tiene el historiador del desencanto social en el que se encuentra inmersa la sociedad al revisar los diferentes acontecimientos históricos del país?

– En la medida en que el historiador se ha vuelto más académico o la historia como se pretende se dice más científica ha usado un lenguaje que no llega, no penetra a la mayoría de la población, entonces ese vacío lo ha suplido el cronista, el relator fantasioso y, sobre todo, los actuales medios de comunicación: el periódico, el cine, la televisión son ahora los que informan de manera más puntual el imaginario histórico de la población. Entonces, cuando el historiador empieza a hablar en un lenguaje muy especializado, pues naturalmente se separa de ese conjunto social y hay un apartamiento de la institución académica con un gran sector de la sociedad. Y eso para mí es un déficit, un problema que hay que primero reconocer y luego, como ya lo están haciendo muchos historiadores, hablar para la mayoría.

– En este año de conmemoraciones centenarias y bicentenarias, ¿están sobrevalorados los símbolos nacionales?


– Todos los aniversarios y conmemoraciones traen esa carga, una sobrevaloración de la conmemoración. Ahora vemos que todo ya es Bicentenario, las carreteras, los espectáculos, los programas de televisión, los programas de los gobernadores, del presidente municipal, etcétera, todo se ha vuelto Bicentenario o Centenario. Entonces, aquí vemos cómo una conmemoración se dispara de su sentido, que es evaluar cómo llegamos aquí de una manera crítica, lo más objetiva posible para que las generaciones presentes tengan conciencia de su pasado, es decir, para mí la conmemoración podía ser equivalente a un deber de memoria, deber de memoria con quienes crearon la República, lucharon por la Independencia y forjaron lo que hoy llamamos República Mexicana. Todavía nosotros somos herederos de esa obra de crear una república y un proyecto colectivo para el futuro. Somos herederos de la Revolución de 1910, porque ese movimiento se plasmó en la Constitución de 1917, que es el primer proyecto constitucional, no a todos pero sí a la mayoría de los mexicanos: a los indígenas, a los campesinos, a los obreros, a las mujeres, a los empresarios, a los intelectuales, a los periodistas, a los comerciantes. Es el primer proyecto inclusivo de tipo político que trata de agrupar a la población para lanzarla a un proyecto de futuro.

– ¿Cuáles son las mayores exigencias que se impone a sí mismo un historiador?

– Las de siempre del historiador. Tener buena, la más rigurosa y extendida información documental para sustentar bien los juicios, luego proceder... Nunca se puede ser totalmente objetivo, todos estamos inmersos en nuestra realidad de hoy y a partir de ella tomamos partido o interpretamos de tal forma, pero el historiador tiene una obligación frente a sus lectores para tratar de ser lo más objetivo posible y luego transmitir esos conocimientos con claridad y si se puede hasta con elegancia a la población para que entonces ese saber que sacó a través de muchas investigaciones y esfuerzos se vuelva un conocimiento colectivo y la gente tenga la base para poder evaluar si eso que dice este historiador o historiadora es creíble y está bien sustentado.

  • En síntesis

QUÉ.
Conferencia magistral ''La función social de la historia''
QUIÉN. Enrique Florescano
CUÁNDO. Viernes 26 de marzo de 2010, 19:00 horas
DÓNDE. Paraninfo Enrique Díaz de León (avenida Juárez 975)



“Habrá historias cambiantes, pero uno volverá a leer las que son muy buenas, aunque ya estén superadas”
Enrique Florescano, historiador.

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