Cultura

Composición musical, sueño o pesadilla

Pese a que la Orquesta Filarmónica del Estado está dispuesta a tocar obras de jaliscienses, no es suficiente la promoción

GUADALAJARA, JALISCO (01/MAR/2011).- Ernesto Cano Martínez lleva la música en la sangre. Con sus 21 años dice que su padre le enseñó todo lo que sabe sobre composición musical, sólo que ahora este muchacho estudia en la Escuela de Música, de la Universidad de Guadalajara (UdeG), porque quiere darle forma a lo que siente. Dice que componer es su objetivo, no le basta pisar las cuerdas o teclear una sinfonía. Ernesto siente que la composición es su sueño, pero en Jalisco éste se ha convertido en pesadilla para otros.

Actualmente uno de cada cuatro estudiantes de Música tiene la misma aspiración de Ernesto; mientras que Sergio Medina, jefe del Departamento de Música de la UdeG, admite que “hay un gran auge en estos momentos, muchos jóvenes están escogiendo esa salida en la carrera (Arreglo y composición) de música. Pero lo cierto es que tenemos un solo profesor, es el único que da clases y por el momento tampoco tenemos un plan para dar seguimiento a los egresados”

Para el musicólogo Kamuel Zepeda la historia se repite una y otra vez. “Desde siempre ha sucedido lo mismo, los compositores producen mucho a lo largo de su vida. Pero una vez muertos nadie los recuerda, a menos de que te apellides Montejo o Moncayo, o que tu música sea llevada a un nivel más popular”.

No es para más, en la Ciudad de México existe la plaza de los compositores y de los 15 personajes cuya estatua retoza en los caminos, sólo tres son nacidos en Jalisco: Juan Záizar, Consuelo Velázquez y Gonzalo Curiel,  que son recordados básicamente por sus obras populares.

La historia, un mal augurio

El principal problema de la composición en Jalisco, es la personalidad de los autores, concluye Kamuel Zepeda, quien ha dedicado 15 años de su vida a analizar el fenómeno que da origen a la música. “La historia nos dice que desde el siglo XVII y XVIII se compone mucho; pero pocos o casi nadie trasciende. Y esto se debe a que los autores son los primeros promotores de sus obras y cuando ellos mueren y no dejan un legado, su obra se pierde”

Zepeda dice que, aunado a la falta de “alguien que pueda poner de acuerdo a los autores, que sea quien pueda catalogar y publicar las obras”, la música, cuyo origen es la creatividad jalisciense, tiene como fin último el olvido. “Yo te puedo asegurar que no hace falta producción. Por lo que hemos investigado, puedo decir que por lo menos cada compositor produce, en promedio, 30 obras a lo largo de su vida;  pero la personalidad del autor, esa bohemia que tanto ayuda a la composición, también es el pecado de los autores”.

“Los compositores casi nunca traspasan sus notas en limpio, no catalogan su producción, no las publican; las asociaciones que los quieren integrar se vuelven como un sindicato, cobran por muy poca ayuda”, dice Zepeda, quien agrega que estos años de estudio le han servido para comprender un fenómeno que se reproduce por generaciones, “desde (el tiempo en) que lo único que se componía era música sacra, los patrones se repiten. La lógica de producción tiene que ver con el mecenazgo. Muchos compositores antes sólo vivían de lo que hacían bajo pedido, ahora tienen que alternar otros trabajos para poder subsistir”.

Al final Zepeda concluye: “Como si la historia se tocara por los extremos, los compositores de ayer y hoy son muy parecidos”.

Interpretaciones eventuales

Leonardo Gasparini, director de la Orquesta Filarmónica de Jalisco (OFJ), habla sobre el estado que guarda la composición musical en Jalisco: “Yo recibo todos los días a personas que quieren que toquemos su obra. Cuando llegué me sorprendió que hay mucha producción, lamentablemente no podemos tocar todas la obras que quisiéramos. Apenas el viernes (18 de febrero, día en que se realizó el primer concierto del año en el Teatro Degollado) tocamos una pieza de un músico tapatío, una obra de Navarro. En la temporada estamos contemplando otras dos obras de autores de aquí, pero como te digo, quisiéramos tener más pero por el momento no podemos”.

El director de origen italiano recalca que personalmente le gustaría tocar más piezas de jóvenes promesas jaliscienses, pero admite que “también tenemos que difundir la obra que no es de aquí y que es importante”, aunque señala que “los problemas son prácticos, por ejemplo, para una ópera lírica de tres actos, necesitamos una inversión enorme, cuando no contamos con los recursos que quisiéramos”.

Una escuela desafinada

Ernesto Cano estudia el segundo semestre en la Escuela de Música; desde que entró a estudiar sabía que iba a ser complicado, pues “cuando entras a estudiar un programa, tienes que seguir un esquema que te encasilla. Y muchas veces lo único que quieres es un poco de libertad para que puedas componer lo que sea”.
Dentro de la carrera de música de la UdeG, una de las áreas especializantes es la de Arreglo y composición, aunque la materia de Composición sólo es impartida por un profesor. “Acá, en la escuela, aunque hay letreros del homenaje que le hizo la propia Universidad a (Domingo) Lobato, pocos ubican la obra del autor”.
Sergio Medina, jefe del Departamento de Música, lamenta no tener un plan de seguimiento a egresados. “Sabemos que el talento lo tenemos, apenas el semestre pasado acaba de egresar un muchacho que este mes se va a Australia a presentar su obra”.


Numeralia

30 obras en promedio hace un compositor en su vida.
220 alumnos de licenciatura la Escuela de Música.
52 estudiantes con especialidad en Composición.

''Muchos compositores antes sólo vivían de lo que hacían bajo pedido, ahora muchos compositores tienen que alternar otros trabajos para poder subsistir''
Kamuel Zepeda, musicólogo.

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