Cultura

Aire fresco en el pódium en el cuarto programa de la OFJ

La Rapsodia Rumana No. 1, de Enesco, originalmente programada para cerrar, se convirtió en el plato fuerte de la velada

GUADALAJARA, JALISCO (12/NOV/2010).- Lo más parecido a la varita portentosa de un mago, en el mundo real, es, quizá, la batuta de un director de orquesta: es el único instrumento musical --si como tal puede considerarse-- que no suena, pero del cual depende el sonido de toda la orquesta.

La batuta de Leslie B. Dunner, director titular del Louisville Ballet y huésped en el pódium en el cuarto concierto de la tercera temporada del año con la Orquesta Filarmónica de Jalisco (OFJ), en efecto, operó el prodigio de que el ensamble acusara una pulcritud, un equilibrio y una brillantez excepcionales.

Desde las Danzas Rumanas, de Bartok, con que se abrió la sesión (buena entrada en la sala, muy escasa en los palcos), Dunner acusó una lectura respetuosa de la partitura; atención a los matices y a los puntos finos de la misma; precisión, claridad, eficacia, elegancia e impecable noción del ritmo en los gestos, sin caer --ni acercarse siquiera-- a los extremos, condenables ambos, del manierismo o el robotismo.
Adrian Dwight Griffin fungió como solista en la Sonata No. 6 en Re mayor para trompeta y orquesta, de Torelli. Su ejecución fue plausible por los contrastes entre brillantez y profundidad, agilidad y extensión que exige la obra.

La Rapsodia Rumana No. 1, de Enesco, originalmente programada para cerrar, se convirtió en el plato fuerte de la velada. Fue ahí que resplandeció la labor de Dunner en el pódium. Ahí su batuta, si se permite otra analogía, fue como un pincel que acentuó los detalles finos de la obra, y no una brocha gorda que se limitara a bocetarla toscamente.

Las voces

En la segunda parte del programa se cumplió con la divisa de la temporada: “El canto, la ópera y la zarzuela”. Florencia Tinoco, soprano, y Mireya Ruvalcaba, mezzo, sin previo aviso, también alteraron --de ninguna manera para mal-- el programa original. Su propuesta --en arias y dúos-- de La Barcarola de Los Cuentos de Hoffman, de Offenbach; Let the Bright Seraphim, de Samson, de Handel (en complicidad con Griffin); Stride la vampa, de El Trovador, de Verdi; el Aria de Micaela, de Carmen, de Bizet, y el Dueto de Flores, de Lakmé, de Delibes, consiguió la nota aprobatoria, pese a las insuficiencias de fiatto de Mireya y de expresividad interpretativa de ambas.

Jaime García Elías.

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