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Jueves, 24 de Mayo 2018
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Jalisco

Tras cinco años de prisión, sale con prepa y ahora es supervisor de taller

Laboran mil 763 presos desde Puente Grande para mejorar la reinserción social

El Informador

Desde que tomó las llaves de aquella camioneta que le llevaron a reparar, Andrés Plascencia perdió la suerte… y su libertad. Los policías le indicaron que ese vehículo tenía reporte de robo con violencia, pero él sólo lo entregaría después de haberlo pintado. Recuerda aquella fecha con exactitud: 29 de diciembre de 2010, el día de su cumpleaños.

Les explicó que sólo hizo un trabajo de laminado y pintura, por el cual recibiría un pago, pero el argumento no los convenció, y un día después ingresó al Reclusorio Preventivo de Puente Grande. “Pensé que se me había acabado la vida, que defraudé a mi esposa y a mis hijos. Iba derrotado porque lo peor que le puede pasar a alguien es estar privado de su libertad”.

Entró en depresión pero, afortunadamente, se sujetó a un tratamiento para mejorar su calidad de vida. En las charlas aprendió que se encontraba en un punto tan bajo que sólo le restaba escalar. Y cuando fue trasladado al Centro de Reinserción Social comenzó a convencerse de ello.

Conoció a la Industria Jalisciense de Rehabilitación Social (Injalreso) y se “puso a sus órdenes”. Comenzó con labores de jardinería y concluyó su primaria. Después alternaba sus horas de estudio y jardinería con las del taller de laminado. “Hice todo lo que la institución me pidió… mi crecimiento personal fue ese: me dije que iba a salir y no sólo porque no quería quedarme a vivir allí, sino porque saldría mejor preparado”.

Bolsas, carpintería, acabado, pintura electroestática. Andrés estudió la secundaria, comenzó la prepa e hizo de todo para superarse y mantener la mente ocupada.

El 28 de abril de 2015 se le notificó su libertad, Injalreso le entregó su fondo de ahorros y una carta laboral que presentó en un taller de laminado. Contrario a lo que esperaba, le llamaron. Hoy es él quien supervisa las actividades en ese taller.

Andrés fue uno de los mil 591 internos en los talleres del penal durante 2015. Hoy suman mil 763 trabajadores en 43 talleres.

“El patrón se entiende conmigo porque cuando yo llegué había otro sistema de trabajo. Aún sigo disfrutando mi proceso de reinserción, porque sigo en psicología, no me he despegado del programa”.

Incluso ya formó un grupo con otros ex internos de Puente Grande, con quienes planea abrir un taller de carpintería: su segundo oficio. Concluye que la reinserción es posible y el Estado ofrece las herramientas para ello, siempre que exista un verdadero interés del interno.

Los talleres en Puente Grande van en incremento, al igual que la participación de internos. Hoy, suman mil 763 trabajadores. EL INFORMADOR/G. Gallo

Fabrican mochilas para preescolar

Para incrementar la oportunidad de que las personas privadas de la libertad reciban una capacitación laboral que les permita desarrollarse afuera de prisión, la Industria Jalisciense de Rehabilitación Social ha buscado convertirse en proveedora del Gobierno del Estado. Un proyecto exitoso se logró al permitir que las mochilas de nivel preescolar que se regalan a los estudiantes del Estado se realicen en Puente Grande.

Edith Rivera Gil, titular de Injalreso, aprovechó su anterior posición en la estructura estatal, como directora de Transporte Público, para formalizar tratos con las empresas del transporte, de tal forma que también en el núcleo de prisiones se realizan los uniformes y el calzado de  los conductores de Servicios y Transportes, y de la Ruta 380 de la Alianza de Camioneros.

“En el Colegio de Bachilleres (Cobaej) nos  buscan para fabricarles las puertas de herrería de todos los planteles, para los salones y los baños. Allí se fabrican las puertas, pero la instalación, por obvias razones, no la pueden realizar las personas de los talleres. Lo que hacemos es buscar a quienes ya habían trabajado con nosotros y que cumplieron su sentencia, y que a raíz de que aprendieron ese oficio se dedican en el exterior a la herrería. Nosotros contratamos a esas personas para proveerles de trabajo y que  instalen lo que sus propios compañeros ya fabricaron”.

El Instituto de Salud Mental de Jalisco es otra de las instancias beneficiadas con la mano de obra de las personas privadas de su libertad. Aunque de acuerdo con Edith Rivera, la elaboración de mochilas es el logro más grande.

Expone que, al ser una responsabilidad del Gobierno, la reinserción social debe contar con mayor cobijo de las instituciones públicas, de todos los niveles. Hasta este momento, instancias como las secretarías de Cultura, Educación, Salud y del Trabajo se han unido para que esa tarea se cumpla. Aunque la funcionaria reconoce que aún falta un amplio trecho en ese sentido.

Injalreso cuenta con 43 talleres, pero en el arranque de la administración eran únicamente 32. Además tiene tres espacios  más que se abren de manera temporal, pues es donde se realizan los artículos para el programa de las “Mochilas con los Útiles” del nivel preescolar. “Es una producción que generalmente empieza en marzo y termina en junio. Durante ese periodo se abre un taller en cada centro”.

Reciclan material para más productos

El material que se utiliza en prisión para la elaboración de bolsas no se desperdicia, porque el reciclado de plástico en Puente Grande no es sólo una realidad, sino una obligación en los talleres de Injalreso.

“Se instalaron tres talleres más, en esta administración, de reciclado de plástico”, explica Edith Rivera. “Y también forma parte de un círculo, porque como para las bolsas tejidas se necesita, hay quien ahí mismo produce el plástico. Se hace otra cadena”.

En la industria penitenciaria hay de todo. Incluso un taller en el que se fabrican anuncios luminosos que son utilizados en grandes cadenas de cine y de tiendas departamentales. Y “esas son las herramientas que realmente les pueden servir para cuando regresan a la sociedad y tienen que ganarse la vida, a lo mejor reencontrarse con su familia y ser una figura importante en su rol familiar”.

¿Cómo comprar?

Aunque existe una tienda de Injalreso en el Centro de Guadalajara (Hidalgo #49, a pocos metros de la Calzada Independencia), y otros dos puntos en el complejo de Puente Grande, la administración apuesta por las redes sociales. Esa labor de difusión ha permitido la unión entre la Industria y una cadena de restaurantes.

“Donde nos dejen instalarnos, lo hacemos”, presume Edith Rivera. Los Chilaquiles es el restaurante que les permite acudir y exponer los productos fabricados en prisión, para que los comensales puedan apreciarlos en tanto esperan que se desocupe una mesa. De esa apuesta se ha logrado que se creen modelos de negocio en los que se adquieren productos al mayoreo para venderlos en otros puntos del país.

Costura, maquila, empaquetado de dulce, tapicería, carpintería, herrería y tejido de bolsas con tira de plástico, entre otros, son los talleres que se imparten. EL INFORMADOR/G. Gallo

Destacan recursos autogenerados

En 2017, Injalreso operó con 40.8 millones de pesos, pero sólo siete millones fueron entregados a ese Organismo Público Descentralizado por parte del Gobierno del Estado. Edith Rivera sostiene que, presupuestalmente, la Industria “no es una carga para el erario”.

“El Gobierno del Estado no provee a Injalreso de la totalidad del presupuesto con el que opera. Podemos decir que es un ente autosuficiente; no somos una carga para el erario porque de él nosotros recibimos sólo una quinta parte del presupuesto con el que operamos”.

La labor de esa instancia, explica, es convertirse en un vínculo entre empresarios y la mano de obra penitenciaria, pero no sólo para mantener ocupadas a las personas privadas de su libertad, sino para prepararlas en un oficio que puedan desarrollar una vez que cumplan su sentencia, además para que reciban una paga que les permita mantenerse o apoyar a sus familias.

El año pasado se destinaron casi 22 millones de pesos en el apoyo económico para los internos. Juan Pablo, por ejemplo, recibe 90 pesos diarios por la elaboración de dulces en cucharitas que se exportan a otros países. “Acá ando todo el día, todos los días. Prefiero estar aquí que en mi celda”.

La titular de Injalreso apunta que, al haber reglas y sistemas estrictos de seguridad, la habilitación de talleres también debe ceñirse a esas políticas. “No todos los oficios podrían ser factibles de desarrollarse dentro de un reclusorio”.

No obstante, celebra que la comunicación con la Fiscalía de Reinserción Social sea fluida y eso permita crecer tanto en el número de talleres como en la cifra de trabajadores. En 2013 había menos de mil 600; hoy son mil 763.

Industria Jalisciense de Rehabilitación Social (2017)

  • Presupuesto del Gobierno del Estado: 7 millones 11 mil 233 pesos.
  • Presupuesto generado por cuenta propia: 33 millones 851 mil 703 pesos.
  • Recurso destinado para el apoyo económico para los internos: 21 millones 753 mil 737 pesos.

Recuento

Desde que inició la administración y hasta marzo de este año, casi 10 mil personas han participado en alguna actividad laboral administrada por Injalreso.

Talleres

  • La Industria Jalisciense de Rehabilitación Social cuenta con 43 talleres, y tres más que son temporales (en éstos se fabrican las mochilas para el nivel de educación preescolar).
  • Los talleres son de costura, maquila, empaquetado de dulce, tapicería, carpintería, herrería, tejido de bolsas con tira de plástico, tortillería, alimentos, zapatería, señalización comercial, reciclado de plástico y peletizado.
Año Internos en Injalreso
2013  Mil 585
2014Mil 573
2015   Mil 591
2016Mil 732
2017  Mil 728
2018 Mil 763
También en el Reclusorio Femenil hay beneficiadas con los programas de empleo. EL INFORMADOR/G. Gallo

VOCES

“La vida no se me echó a perder”

Los 32 años de cárcel que recibió como sentencia cayeron como un balde de agua helada en la espalda. “Memo” Pérez ingresó al complejo penitenciario de Puente Grande con dos señalamientos de homicidio a cuestas, y por ello permaneció tras las rejas durante 18 años. Su buena conducta y un desempeño exitoso en las actividades que realizaba fueron claves para reducir su condena.

Obtuvo la libertad a la edad de 42 años. “Aunque no fui el responsable, de alguna manera pagué ante la sociedad. La vida no se me echó a perder allí adentro; al contrario”.

Son casi dos décadas de prisión las que “Memo” acumuló. Recuerda que en su inicio fue tan difícil sobrellevar la estadía que pensó en quitarse la vida. Dios y la religión fueron su válvula de escape. A ellos se sujetó para superarse. Conoció a un grupo de jóvenes en la capilla y entre todos se apoyaron, pues también peleaba con la idea de que su esposa lo dejaría al enterarse de que su sentencia superaba las tres décadas.

“Luego llegó mi traslado al Centro de Rehabilitación Social, como al año y tres meses de que caí, y otro cambio: nueva gente y cosas diferentes”.

Allí, la vida comenzó a mejorar. Su esposa le dijo que, aún con la amplia condena, permanecería a su lado. Luego conoció a la Industria Jalisciense de Rehabilitación Social, donde le dijeron que debía hacer trabajos de áreas verdes para, eventualmente, entrar a trabajar a sus talleres. Aceptó.

“Empecé en la fundición. Hacíamos máscaras con un chavo que tenía un tallercito. Allí empecé a incorporarme, a ver los talleres, a conocer a la gente y poco a poco empecé a sobresalir en la herrería. Crecí al grado de que me convertí en el encargado. Tenía nociones de soldadura, cortar, trazar y todo. Empecé a pulirme y el Injalreso me dio la oportunidad de solventar con un peso o dos a mi familia”.

Y esa relación creció. Edith Rivera Gil, titular del Injalreso, expone que tras su salida de prisión, “Memo” fue contactado para continuar asistiendo en la industria. Hoy se encarga de instalar en el Colegio de Bachilleres del Estado de Jalisco las puertas que se forjan en prisión. 

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