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Lunes, 11 de Noviembre 2019
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Virtud y legalidad

Por: EL INFORMADOR

En junio de 2005, un equipo de fuerzas especiales norteamericanas formado por cuatro oficiales, emprendió una misión de reconocimiento en Afganistán, cerca de la frontera con Pakistán, en una región dominada por la fuerza talibán, fueron en busca de un líder cercano a Osama Bin Laden, que fue ubicado en una pequeña población montañosa, custodiada por más de 140 hombres fuertemente armados.

Al avanzar hacia la aldea, encontraron repentinamente a dos pastores con más de 100 ovejas, acompañados de un niño de menos de 14 años. Luego de cerciorarse que estaban desarmados, les ordenaron que se echaran al piso. Los soldados se miraron unos a otros cuestionándose qué hacer con ellos. Se trataba de civiles desarmados; pero, liberarlos abría la posibilidad de que avisaran a la fuerza talibán de su presencia. Al no contar con ataduras o cadenas, ni estar en condiciones de hacerlos prisioneros, no quedaba sino matarlos o dejarlos seguir su camino.

Uno de los combatientes argumentó que dado que estaban en cumplimiento de una orden superior legítima, tenían derecho de hacer todo lo posible para salvar sus vidas, por lo que la solución militar correcta era dispararles.

El oficial a cargo sabía que su compañero tenía razón, pero no fue capaz de dar la orden. Sometió a votación la decisión y dejaron en libertad a los pastores.

Horas después, los soldados se encontraron rodeados por casi 100 combatientes talibanes armados con rifles AK47 y lanza granadas, quienes iniciaron una batalla feroz, que terminó con tres oficiales muertos; además del derribo de un helicóptero de rescate y la baja de sus 16 ocupantes. El oficial a cargo sobrevivió gravemente herido al caer por la ladera de la montaña en donde fue rescatado por civiles que lo protegieron durante días. Luego de su restablecimiento escribió: La decisión de dejar libres a los pastores “fue una estupidez, la peor decisión de mi vida”.

Éste es un clásico dilema entre el deber moral de respetar la integridad de los civiles en una guerra, y la obligación legal de proteger la vida de los soldados a cargo de un oficial. Debatir respecto a lo justo y lo legal es una cualidad de las sociedades formadas por personas libres.

La vida en las sociedades democráticas implica una continua discusión respecto a lo que es correcto y equivocado; respecto a lo justo y lo injusto; sobre lo legal y lo ilegal, cuyo debate es esencial para la democracia.

Una de las cuestiones más apasionantes de nuestro tiempo es decidir si una sociedad justa debe promover la virtud de sus ciudadanos, impulsando (o imponiendo) un modelo mediante la ley, o debe ésta permanecer neutral para que sean los ciudadanos en libertad los que decidan respecto a sus conceptos de virtud y la mejor forma de vivir.

Hoy día la cuestión está en comprender que los principios morales de unos no deben ser impuestos a otros, sino que la sociedad ha de propiciar un espacio tolerante de convivencia entre distintas concepciones morales sujetas todas a un orden jurídico. Convivir en la diversidad y defender la libertad es una suerte de nueva virtud ciudadana.  

LUIS SALOMÓN / Doctor en Derecho.
Correo electrónico: luisernestosalomon@gmail.com

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