Sábado, 18 de Enero 2020
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Una historia ejemplar

Por: EL INFORMADOR


Jesús León Santos, de 42 años, un campesino indígena mexicano que en los últimos 25 años ha realizado un excepcional trabajo de reforestación en su región de Oaxaca, recibió una importante distinción internacional, que pasó desapercibida porque en México estamos muy ocupados persiguiendo a los adversarios electorales y al resto de la población con el fantasma del narco y es casi todo lo que hacemos.

A Jesús León Santos se lo han otorgado porque, cuando tenía 18 años, decidió cambiar el paisaje donde vivía en la Mixteca alta, la “tierra del Sol”. Eran campos yermos y polvorientos, desprovistos de arboleda, sin agua y sin frutos. Había que recorrer grandes distancias en busca de agua y de leña. Casi todos los jóvenes emigraban para nunca regresar, huyendo de esa vida tan dura.

Con otros comuneros del lugar, Jesús León acordó el objetivo de reverdecer los campos. Y decidió recurrir a unas técnicas agrícolas precolombinas que le enseñaron unos indígenas guatemaltecos para convertir tierras áridas en zonas de cultivo y arboladas. Revivieron una herramienta indígena también olvidada: El tequio, el trabajo comunitario no remunerado.

Reunió a unas 400 familias de 12 municipios, creó el Centro de Desarrollo Integral Campesino de la Mixteca (Cedicam), y juntos, con recursos económicos limitadísimos, se lanzaron a la gran batalla contra la principal culpable del deterioro: la erosión.

En esa región Mixteca existen más de 50 mil hectáreas que han perdido unos cinco metros de altura de suelo desde el siglo XVI. La cría intensiva de cabras, el sobre-pastoreo y la producción de cal desde tiempos coloniales deterioraron la zona. El uso del arado de hierro y la tala intensiva de árboles para la construcción de los imponentes templos dominicos, contribuyeron definitivamente a la desertificación.

Jesús León y sus amigos impulsaron un programa de reforestación. A pico y pala cavaron zanjas-trincheras para retener el agua de las escasas lluvias, sembraron árboles en pequeños viveros, trajeron abono y plantaron barreras vivas para impedir la huida de la tierra fértil. Todo eso favoreció la recarga del acuífero. Luego plantaron alrededor de cuatro millones de árboles de especies nativas, aclimatadas al calor y sobrias en la absorción de agua. Enseguida se propusieron conseguir, para las comunidades indígenas y campesinas, la soberanía alimentaria.

Desarrollaron un sistema de agricultura sostenible y orgánica, sin uso de pesticidas, gracias al rescate y conservación de las semillas nativas del maíz, cereal originario de esta región.

Al cabo de un cuarto de siglo, el milagro se ha producido. Hoy la Mixteca alta está restaurada. Ha vuelto a reverdecer. Han surgido manantiales con más agua. Hay árboles y alimentos. Y la gente ya no emigra.

Actualmente, Jesús León y sus amigos luchan contra los transgénicos, y siembran unos 200 mil árboles anuales. Han enterrado en lugares estratégicos cisternas de ferrocemento, de más de 10 mil litros de capacidad, que también recogen el agua de lluvia para el riego de invernaderos orgánicos familiares. El ejemplo de Jesús León es ahora imitado por varias comunidades vecinas.

El nombre de la distinción es “Premio Ambiental Goldman”. Fue creado en 1990. Se entrega anualmente y está dotado de 150 mil dólares (dos millones 154 mil pesos). Eso se llama: cambiar su mundo.

MARTHA GONZÁLEZ ESCOBAR / Divulgadora científica. UdeG.
Correo electrónico: marthaggonzalez@yahoo.com.mx

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