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Martes, 19 de Noviembre 2019
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Treinta y seis mil abortos

Por: EL INFORMADOR

Sí, es una cifra escandalosa para tan sólo un año de practicar el aborto sin ninguna consecuencia, en la Ciudad de México. Cuando escuché semejante dato, me quedé impresionado. Qué capacidad tenemos de aniquilar la vida. Para las autoridades se ha convertido en un dato más que hay que comunicar; para el valor a la vida, es un cifra que nos lleva al luto permanente.

Algo que se puede rescatar, es que dejaron de aparecer, en parques y basureros, los 15 nonatos que diariamente se encontraban. Lo que nunca se esperaron las autoridades de Salud de la capital, es que aumentó considerablemente el abuso sexual a mujeres. Total, si ya se puede abortar sin problemas, la violación y el sometimiento sexual se disparó.

Otro enorme problema que se agravó fue el de la prostitución infantil, desde luego en niñas, pues si quedan embarazadas, el costo y el tratamiento para el aborto corre a cargo del Gobierno. Ya nadie va a investigar nada, sólo se presenta a abortar y basta. Así que ahora tenemos un grave problema que irá en crecimiento, pues el freno a la sexualidad ya se quitó.

Cabe reflexionar, que las cosas no son tan sencillas como parecen. Si por un lado las personas promotoras del aborto pensaron en liberar de una esclavitud moral a las mujeres dándoles la decisión para que hagan de su cuerpo lo que quieran, ahora parece que las lanzaron al camino de la prostitución y la explotación sexual, que puede ser aún peor que los riesgos que representaba un aborto clandestino, que por cierto también casi desapareció.

Se remedió, aparentemente, el problema de salud pública; pero aparecieron otros peores.

Al romper con el orden moral se desencadenan consecuencias más graves a la endeble condición humana. El valor de la vida, no puede estar sujeto al capricho personal, ni a una laxitud sin la objetividad del juicio inteligente.

Si la sexualidad pierde su fin en la fecundidad, se queda en el placer. Y éste se dispara sin freno alguno, poniéndose en manos de la frivolidad y todos los vicios consabidos, empezando por el de la explotación, el abuso y el sometimiento.

La visión debe ser mucho más integral y humana, debemos tener una conciencia más completa y sensible al sufrimiento de los demás. Las que promovieron el sí al aborto, no previeron el gran daño que ahora sufren muchas niñas que son empujadas a la prostitución sin que nada lo impida. Tampoco consideraron la avalancha de abusos sexuales a las mismas mujeres que surgen a raíz de la irresponsabilidad de todos por no proteger el vientre materno. Un lugar que debe ser de los más seguros para preservar el valor de la vida.

El aborto no resuelve los problemas de la mujer, tal vez sólo algunos y de ciertas mujeres. Pero sí acarrea más dificultades que soluciones. Al menos ya lo comenzamos a ver.

Los valores morales van más allá de los intereses egoístas y particulares de unos cuantos. Son para proteger la vida, no para acabar con ella.

GUILLERMO DELLAMARY / Filósofo y psicólogo.
Correo electrónico: dellamar@yahoo.com

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