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Sábado, 16 de Febrero 2019

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“Tiempo de Gandallas”

Por: EL INFORMADOR


Recordamos que hace muy poco, a algún editorialista de cierto periódico de la capital se le ocurrió denominar a su tema del momento, “Tiempo de Canallas”, donde hacía alusión a la forma marrullera de las pugnas entre los partidos políticos —“ahora manejamos política no convencional”, dijo una de tantas suspirantes a un puesto de elección popular— en donde en vez de establecer propuestas adecuadas y planteamientos políticos razonados de acuerdo con los principios de cada uno de esos partidos, están recurriendo a toda suerte de actos sucios y deleznables, en donde el electorado en cuestión no sólo está decepcionado, sino confundido y asqueado por la forma en que se hace política, que ya rebasó los linderos de aquello que llamaban política a la mexicana, porque solamente están recurriendo a toda clase de golpes bajos, de calumnias, ofensas y delaciones de ilícitos posibles.

Se vive actualmente un ambiente decepcionante en materia del juego político, de tal modo deteriorado que más que llamarlo “Tiempo de Canallas” le queda mejor llamarlo “Tiempo de Gandallas”, porque si a todo esto se le considera como actos de canallas, o sea actos como algo ruin, despreciable y de malos procederes, quedamos superados por las acciones políticas de estos tiempos llevados a cabo nada menos que por los profesionales de la política.

En cambio, la denominada Gandalla, “Tiempos de Gandallas”, implica una connotación más profunda, con más alcances, en donde el juego político, las reglas del juego en todos sentidos, tendrán objetivamente un control más estricto, más cruel, más deshumanizado, en donde se supone que con todo eso se logrará, a final de cuentas, un reacomodo de las relaciones políticas y sociales, porque el lavado de cerebro de las masas, al parecer silenciosas, sería más efectivo, determinante, por medio de un bombardeo constante a través de los medios masivos de comunicación, que enajenan la mentalidad del pueblo.

El gandalla con sus procedimientos, echa por la borda, destruye los principios políticos, las teorías políticas y sus planteamientos de algo que es ciertamente una ciencia y que además supera por la vía del fast track, las inconsútiles manipulaciones del propio Maquiavelo.

Desde esta óptica, la clase política, se deduce, se colige con facilidad objetiva, ya sea de izquierda, de derecha o del centro, ha dejado de ser; ha perdido vigencia y credibilidad.

Pero lo más lamentable de todo esto, estriba en que están en juego los intereses supremos del pueblo; es la radicalización de un cambio que no se sabe hacia dónde podría dirigirse, porque todo parece ser que serán los canallas o los gandallas, los que en su lucha por el poder, en última instancia, han de definir el rumbo a seguir.

A todo esto, nos admiramos del aguante del mexicano que ya llega a los linderos de lo desmesurado, pues sufre en carne propia pobreza, hambre, corrupción, violencia, inseguridad, desempleo, deudas, secuelas de la influencia, temblores. Y por si fuera poco, nuestro zoológico político donde hay de todo como en botica. Narcopolíticos, petropolíticos, dinosaurios, demenciales, “enfermos”, Chuchos metidos ahora a mercadólogos, enanos, bedeles, modelos, edecanes, cantantes, epimedio-mediólogos, asesinos, secuestradores, gays, chichidas, filicidas, patricidas, uxoricidas, charlatanes, pungas, defraudadores y los que faltan.

MANUEL LÓPEZ DE LA PARRA / Periodista.
http://www.economia.unam.mx

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