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Miércoles, 16 de Octubre 2019
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No votar o votar no

Por: EL INFORMADOR

La disyuntiva es: acudir a votar por el menos malo, para continuar con una ficción que sólo aplaza, pero no evita una crisis institucional, o utilizar el único instrumento de expresión pacífica que nos queda a los ciudadanos para decir a los partidos que, así, no nos gustan.

De entrada, el sufragio, cualquiera que sea, no beneficia ni perjudica a México. El país tiene sus problemas, muy graves algunos de ellos, y lo que ocurra el 5 de julio modificará poco o nada las carencias que padecemos: una educación retrógrada, un sistema de salud fragmentado, una política energética miope, un sistema de justicia muy injusto, así como la corrupción e inseguridad de todos los días; las propuestas de los candidatos y los partidos son tan pobres, que la votación, abundante o escasa, no modificará el panorama del país.

Hay muchos candidatos a los que desconozco, y no puedo votar por ellos, y hay otros a los que conozco, y no debo votar por ellos.

Los partidos nos privaron a los ciudadanos del derecho a evaluarlos. No aceptaron darnos la oportunidad de acudir a las urnas para decidir a quienes aprobamos y ratificamos para un nuevo periodo, o a quienes por su pobre e ineficiente desempeño, lo mandamos de regreso a casa. Ahora se quiere que emitamos sufragios de adhesión para ungir representantes soberanos: que votemos por los que tenemos enfrente, aunque no sepamos quién recibe nuestro voto ni qué hará con él.

Si un cuantiosos número de electores estamos considerando declarar nulo nuestro voto el próximo 5 de julio, no es con la intención de anular la elección. Se trata de presentar una forma de protesta ante el fracaso de los gobiernos —del PAN, el PRI o el PRD, da lo mismo—, de la escandalosa corrupción en la que viven los mexicanos, del abuso de las familias enquistadas en el poder y de la desesperanza que se vive en toda la República.

Es un voto para reformar, abrir, refrescar el sistema de partidos. Voto nulo que envíe el mensaje claro de que la situación del país ha llegado ya a un punto de quiebre y que ya no es posible seguir bajo los mismos soportes partidistas.

Estamos frente a la perfecta oportunidad de unirnos en serio, no son estas votaciones para presidente de la República, que entonces sería otro el proceder, allí no cabría el voto nulo. Pero en estas elecciones intermedias por supuesto que cabe anular el voto.

No vamos a dar nuestro voto a quienes por meses y años no se acuerdan de los ciudadanos; a esos que viven de espaldas a las necesidades del país; esos que duermen o se ausentan de sus curules, alcaldías, o gubernaturas mientras decenas de leyes quedan sin aprobar y sus gobernados sufren.

Mi disyuntiva es no votar o votar no. Es el dilema de muchos. Tal vez votar “No” sea hacer el juego a posiciones que no comparto; pero votar “Sí” es hacer el juego a intereses que no acepto.

CARLOS CORVERA / Analista político.
Correo electrónico: Carloscorvera@me.com

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