Martes, 21 de Enero 2020
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“Nadie sabe...”

Por: EL INFORMADOR

ENTRE VERAS Y BROMAS           

¿Por qué no hubo protestas, manifestaciones y voces de “¡sobre nuestros cadáveres...!” por parte de los vecinos de la Calzada Independencia y la avenida Miravalle cuando se gestaba la Línea 1 —en operación desde hace tres meses— del Macrobús, y sí las hay, en cambio, de los vecinos de Loma Dorada y Tesistán, en los extremos de la Línea 2 del mismo sistema, que por ahora se limita a ser una extensa e imperfecta diagonal sobre el plano de la mancha urbana de Guadalajara?...

—II—

Una explicación podría ser ésta: cuando se montaba la infraestructura para la Línea 1, la sociedad, en general, fue prudente: decidió conceder a la autoridad el beneficio de la duda. Para comprobar si la nueva opción, en efecto, abría la posibilidad de que los aldeanos —deseosos de revivir, en esa materia, tiempos mejores— tuvieran un transporte público moderno, digno y eficiente, sólo había una fórmula: ponerlo a funcionar. Las abiertas expresiones de inconformidad que en las últimas semanas han surgido con respecto a la segunda línea, salvo prueba en contrario, son hijas naturales del paso que sigue, en términos de lógica, a la ilusión inicial: la experiencia.

Parecería que la autoridad se limitó a echar a andar la primera línea... pero no ha hecho todo lo necesario para mejorarla. Tampoco ha habido continuidad en el trabajo de socialización del sistema. No se ha realizado —no que se sepa, al menos— una encuesta pulcra, creíble, con respecto a bondades e imperfecciones; en suma, pros y contras del Macrobús... ¿Qué porcentaje de los usuarios del transporte público lo utiliza? ¿Son más los beneficiarios que los damnificados —considerando tanto a usuarios como a vecinos de la ruta— de su funcionamiento? ¿La gente economiza tiempo y dinero en sus traslados, en comparación con el sistema tradicional de transporte público? ¿Qué porcentaje de los usuarios lo ve ya como una opción con respecto al automóvil particular?...

Como decía El Monje Loco: “Nadie sabe; nadie supo”.

—III—

La autoridad, hasta ahora, ha tenido mano izquierda. El director del sistema, Diego Monraz, insiste: se tratará de convencer de la viabilidad y de las bondades del sistema a los vecinos...

(Más le vale. Por ahí está —amenazante, fantasmagórica...— la experiencia de los machetes de San Salvador Atenco, que hicieron abortar el proyecto del nuevo aeropuerto para la Ciudad de México).

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