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Viernes, 18 de Octubre 2019
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Miopía

Por: EL INFORMADOR

Uno de los momentos más felices de mi vida fue cuando me pusieron anteojos.
Una pareja de jóvenes en batas blancas entró al salón del cuarto año de la escuela primaria República del Perú, colgó de la pared un cartón con letras de distintos tamaños y preguntó a cada niño qué letra veía.

Percibía borrosas las cosas lejanas. Vagas, imprecisas. En los cines me sentaba adelante, en la clase la profesora alteraba el orden alfabético y me ponía junto al pizarrón. De cerca, para leer, por ejemplo, veía y veo perfectamente. De lejos no. Me parecía algo natural, no era yo el único así, nadie me dijo que podía verse de otra manera. Hasta esa mañana en que me colocaron un armazón y probaron varios lentes. Por primera vez, desde cualquier distancia, se definía cada línea. Me compraron los anteojos que con cambios de tamaño, estilo o graduación, uso siempre. Y veo sin problemas. Eso creía, pero he comenzado a tenerlos.

La proximidad de elecciones importantes en México nubla la visibilidad, altera las perspectivas, tuerce los valores. Esta semana, con oportunidad preelectoral, se dio un golpe espectacular a la delincuencia cuando 29 funcionarios de varia importancia fueron detenidos en Michoacán. Nuestra primera reacción, creo que la de todos los mexicanos, fue de aplauso. Ya era hora, dijimos. Estamos hasta el gorro de políticos, alcaldes, diputados, jefes, directores y toda la infinita caterva de achichincles corruptos. Bravo. Pero pasada la euforia empezamos a leer con y sin anteojos la letra chiquita y se nos hace confusa. No vemos claro el fundamento judicial ni el procedimiento de captura. Hubo abuso del poder y violaciones a la Constitución.

Todo incide en la campaña electoral. Los artificios y trucos para arrastrar votos son tan antiguos como la democracia. Hace más de dos mil años, en el 64 a.C., Quinto Tulio le escribe a su hermano Cicerón un breve manual para hacer triunfar su candidatura al consulado. Umberto Eco resalta algunas “increíbles afinidades, semejanzas, correspondencias que parecen atravesar los siglos”.

Los consejos de Quinto a Marco parecen escritos por algún intelectual contemporáneo y no dudo que alguno presentó como suyos, para justificar la tarifa, los escritos por el hermano de Cicerón. Un consejo de oro puro que parece nacido hoy: “Haz que contra tus adversarios surja alguna sospecha… de perversión, de corrupción o de despilfarro”.
A mí también me suena familiar.

Quinto se pregunta: “…¿eso es la democracia, sólo una forma de conquistar el favor público, que ha de basarse en una organización de la apariencia y una estrategia del engaño?”. Eco le contesta: “… la democracia romana comenzó a morir cuando sus políticos comprendieron que no hacía falta tomar en serio los programas, sino que bastaba simplemente con caer simpáticos a sus (¿cómo lo diría?) telespectadores”. Ningún diálogo más ilustrativo de las elecciones en México que éste, en que 21 siglos separan la pregunta de la respuesta, pero la inteligencia une a dos filósofos empeñados en recobrar la intención perdida de hacer de la política una ciencia.
En fin, como dijo el clásico, con estos bueyes aramos.

JACOBO ZABLUDOVSKY / Periodista.

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