Viernes, 24 de Enero 2020
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Los partidos políticos

Por: EL INFORMADOR

El proceso electoral que vivimos avanza sin lograr entusiasmar a la opinión pública para participar en un proceso de gran importancia para México. El ambiente de indiferencia y hasta desánimo que se percibe en amplios sectores de la ciudadanía se debe al enorme desprecio que los partidos políticos se han ganado en los últimos años, y no es para menos: estas instituciones, pagadas con dinero público, se han apropiado de los mecanismos de postulación política para satisfacer intereses de grupo, ajenos la mayor parte de las veces a las aspiraciones de las comunidades.

Los candidatos presentados por los partidos en general son parte de un segmento aislado de la sociedad que se autodenomina “la clase política”, es decir una casta que sabe navegar en las aguas procelosas y a veces pestilentes de la lucha interna de los partidos. Los dirigentes partidistas han optado por la visión del botín en las nominaciones y tratan de eliminar a sus contrincantes de su propio partido.

Lo mismo pasa en el PAN con los grupos de Creel y los que representan al Presidente, o los grupos regionales; en el PRI los que respaldan a Peña Nieto contra los de Beatriz, y a su vez contra los de Manlio; y qué decir del PRD, en donde la presencia de López Obrador ha dividido profundamente a este partido. La sociedad ve con estupor esta clase política que trafica, pacta, acuerda a sus espaldas.

Por eso ahora surgen voces que expresan el rechazo o el hastío a estas prácticas. La propuesta de anulación de voto, que teóricamente parece absurda, toma fuerza, para manifestar este rechazo. Pero aunque sean muchos estos votos, no tendrán sino un efecto moral que seguramente será olvidado por los partidos al día después de que tomen posesión sus candidatos ganadores.

El sistema de partidos tal y como funciona hoy es un fracaso para la representación ciudadana. La apertura a la participación independiente es un imperativo, que se presenta contra los intereses de los propios partidos y por eso parece difícil que se apruebe en el corto plazo.

Pero si consideramos que los candidatos que triunfen en la elección próxima ganarán con apenas el respaldo de 20% o menos de la ciudadanía, porque la mayoría se abstendrá, resulta un contrasentido el enorme costo de nuestro sistema. La verdadera reforma política que la democracia mexicana necesita está en abrir la participación ciudadana y eliminar un monopolio que genera corrupción, mediocridad política y falta de causas políticas auténticas, para convertir la política en un espectáculo de emociones dirigidas.

Los partidos políticos están en crisis y no quieren reconocerlo; los ciudadanos debemos alzar la voz para exigir cambios y reducir drásticamente el gasto en materia electoral. Desde los Consejeros del IFE y los magistrados electorales que perciben un sueldo mayor a los miembros de las cortes supremas de Estados Unidos, Inglaterra y España, hasta las erogaciones que hacen los partidos sin estar sujetos al riguroso escrutinio del gasto público.

Después de la elección, algunos partidos entrarán en una crisis de identidad política, sobre todo los de oposición, dado que el Gobierno encauzará a su partido, y será entonces el momento de plantear una reforma de fondo a la política de México, quizá la más cara del planeta.

LUIS SALOMÓN / Doctor en Derecho.
Correo electrónico: lsalomon@iberlinks.com.mx

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