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Martes, 26 de Marzo 2019

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Los huérfanos

Por: EL INFORMADOR

Están realmente preocupados. El voto nulo genera reuniones del más alto nivel en el Instituto Federal Electoral (IFE), los partidos y el Gobierno. Les alarma la seducción de tachar la boleta como expresión del fracaso de la alternancia: ciudadanos que habiendo visto a todos los partidos, concluyen que sus diferencias no se notan al gobernar y por el contrario, se igualan en impunidad, ineficacia, corrupción e incumplimiento.

Hay connotadas voces en contra. Critican que no se pueden contar, que no se sabrá exactamente cuántos votos se anularon, pero no miran que el peso no es sólo de número sino de influencia. Comparando el 3% de votos nulos y por candidatos no registrados en 2003 con los que se sumen ahora, se podrá hacer una deducción, pero me sorprendería que llegaran a 6%. Sin embargo, son votos que suenan mucho: son el tema de moda en la política, se han ganado espacios en los medios de comunicación, el IFE los quiere bloquear, los partidos los condenan y no le gustan al Gobierno.

Dicen que es el voto inútil. Como si los sufragios anteriores, que han conducido al estado de cosas vigente en el país, hubiesen sido muy útiles. El voto en blanco ya es un “shock” al sistema de partidos. Y cuidado con los que se lo quieran apropiar presumiéndose como ciudadanos modelo, porque el chiste de esta corriente es que no está organizada, es caótica, reactiva, no persigue ningún postulado concreto, no respalda manifiestos ni lleva carga ideológica. Es de izquierda, de derecha y de centro. Ésa es su virtud, no su defecto. Que es genuina. Que encuentra vasos comunicantes entre quienes piensan muy distinto, pero que se unen al sentirse huérfanos de siglas, no representados por ninguna de las opciones. No busca desechar la democracia poniendo como pretexto su mala aplicación por estos partidos, sino emplearla de modo poco ortodoxo para manifestarse. No es no votar, es votar, pero por nadie.
Auguran que no tendrá consecuencias. Eso está por verse. ¿No habrá un líder, un partido, un Gobierno interesado en ganarse unos puntos porcentuales de respaldo retomando exigencias que convergen en el hartazgo del voto anulado (reelección de legisladores, rendición de cuentas, sistema de justicia eficaz, candidaturas ciudadanas, revocación de mandato, libertad de expresión)? ¿No habrá quien se apunte a abanderar una causa ciudadana, aunque sea por puro interés político?
Advierten que otros decidirán por nosotros. ¿Y votando por un partido se va a terminar eso, que viene siendo práctica desde hace décadas en elecciones sucias y limpias? ¿Vamos a seguir creyendo que con el mismo método la política va a mejorar, sin sacudidas de por medio?
Votar nulo no es desacreditar la política, es sofisticarla. No es tachar de un plumazo el sistema de partidos, es exigir mejores. No es desaparecer a los políticos, sino obligarlos a tener representatividad real. Me parece más democrático que el penoso ejercicio del que ya se habrán cansado algunos: tener que escoger, elección a elección, quién es el menos peor.

Saciamorbos

Que se preocupen mejor por el 60% que no cree en nada ni en nadie.

CARLOS LORET DE MOLA A.

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