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Miércoles, 26 de Septiembre 2018

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Lo que no se vio en el Teletón

Por: EL INFORMADOR

Perdida entre camerinos con nombres famosos, entre cientos de personas que corren por los pasillos del foro, sillas de ruedas y el permanente ruido de la producción televisiva más monumental del año, una oficina de 10 metros cuadrados —con un austero cartel en la puerta que dice “CIFRA”— es lo menos visto del Teletón.

Adentro, un grupo de científicos tampoco duerme las 30 horas que dura el programa. Ahí, el Teletón pierde sentimiento y gana rigor numérico: las lágrimas de Lucero se miden en pesos, los exhortos de Fernando “El Chobi” Landeros en depósitos y se puede establecer si la invitación a donar a favor de los niños con discapacidad hecha por Marco Antonio Regil atrajo más dinero en Nuevo León o en Oaxaca.

Los milagros necesitan quien les haga la talacha. Para eso, el Teletón ha creado una estructura que prácticamente mide todo en hojas de cálculo: cuánto se ha depositado por teléfono, cuánto en las sucursales, cuánto por tarjeta de crédito o vía internet, cuánto por estado de la República, cuánto en el extranjero y cómo se comparan esas cifras con años anteriores.

Así, se pueden ir incorporando a la transmisión en vivo invitaciones focalizadas, basadas en datos duros, para promover los donativos ahí donde está floja la participación: hay que hacer un llamado a los ricos porque van 35% abajo las tarjetas de crédito, diles a los yucatecos que están aportando la mitad que el año pasado, una sucursal de Coahuila lleva media hora sin recibir nada.

La presión por no llegar a la meta que se exhibe al aire tiene pleno sustento en la matemática: una gráfica muestra minuto a minuto el comparativo del monto recaudado en el año en curso con el año inmediato anterior.

No es casualidad qué casos de qué niños se presentan. Ni siquiera el horario en que aparecen. Está medido que México coopera más cuando percibe que en el caso que se expone hay esperanza de recuperación y la obra del Teletón ha rendido frutos. La gente se solidariza más cuando el niño con discapacidad es elocuente, que si los elocuentes son sus padres. Los más prometedores van al “prime time”.

Se planea hasta qué conductor presentará cada historia: si una niña se llama Lucero, pues quién más sino su tocaya famosa. Con base en perfiles y oficios, se asignan a cada conductor los expedientes con los que puedan ser más capaces de motivar a la gente a la generosidad. Cada uno conoce con semanas de anticipación las historias de los niños y familias a quienes entrevistará, se organizan convivencias previas para “romper el hielo”, y al momento de la emisión cada presentador es informado estadísticamente de un índice que cuantifica el promedio de lo que recaudó por cada persona que estaba viendo la tele cuando salió al aire la historia a su cargo.

Mucho, mucho más allá de las emociones del Teletón, hay una Fundación que asume con responsabilidad científica la oportunidad de tener 30 horas de televisión para juntar dinero a favor de su causa para dar atención de primer mundo al mayor número de niños con discapacidad que se pueda. Y eso no se ve, pero sí se siente.

Saciamorbos

El “penoso” quiere ser candidato a la Presidencia por el PRI. En serio. Lo impulsa un conocido operador político cuya señora esposa es una respetada encuestadora.

CARLOS LORET DE MOLA A. / Periodista.

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