Sábado, 24 de Octubre 2020

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Flora microbiana en el suelo

Por: EL INFORMADOR

También podremos utilizar el término “fauna” cuando nos referimos a las poblaciones de microorganismos que pueblan los suelos agrícolas, aunque en verdad estaríamos incluyendo insectos de mayor tamaño; así pues nos quedaremos con el término que encabeza el término de la presente colaboración en esta siempre amable página.

Decíamos (EL INFORMADOR, 5 de abril del 2009), que en los últimos años, unos dos lustros, nuestros amigos productores con inquietudes muy valederas, se han venido interesando en la comprensión o manejo del concepto de lo que se considera un buen suelo agrícola. Tales inquietudes se reflejan en la oferta misma de materiales de sustrato de la amplia gama de lo que llamamos los agrónomos y los laboratoristas de suelos, materia orgánica.

Antes de exponer ante nuestros amigos productores lo correspondiente al serial, queremos mencionar la importancia que han tenido para la producción de grandes cosechas los trabajos de microbiólogos altamente especializados, trabajando en diversos países y, que, nos dejan a los agrónomos depositarios de esa hermosa herencia para que en el tiempo correspondiente lo hagamos llegar y de acuerdo a nuestras interpretaciones, a nuestros amigos productores y agricultores.

Sistema de equilibrio dinámico

Así es como se debe considerar al suelo agrícola porque al igual que todos los sistemas biológicos, en él se experimentan cambios continuos, pero, no obstante permanece relativamente estable. Esta condición paradójica es un equilibrio dinámico, el dicho equilibrio se mantiene mediante cambios en una dirección dada, que viene compensada por variaciones que aparecen en otra. Con frecuencia los procesos que implican son de naturaleza cíclica, hasta el punto de que, a pesar de que pueden suscitarse muchas transformaciones, los cambios en conjunto pueden ser ligeros. Por ejemplo, en el ciclo del nitrógeno la pequeña cantidad de este elemento que se toma de la atmósfera puede (previa presencia de microorganismos como rizobiums, azotobácter y además cierta tendencia alcalina juntamente con la presencia de boro), más o menos, equilibrar las pérdidas por lixiviación, hasta el punto de que aunque existen grandes y continuas transformaciones entre los nitritos, nitratos, amoniaco, aminoácidos y proteínas (todos ellos de
ntro del proceso de cambio del ciclo), la cantidad total de nitrógeno y, en realidad, las cantidades de las distintas fracciones permanecen constantes durante mucho tiempo, a no ser que el sistema se vea interferido por la mano del hombre. Esto es, uso equivocado o deficiente de los implementos o, asaz aplicación de rociados con alta residualidad en las partículas del suelo en los primeros centímetros del perfil.
    
Cambios que se suscitan

La existencia de cambios biológicos y químicos en el suelo está sólidamente comprobada, aunque su amplitud sigue sujeta a investigación. Las hojas y ramas caídas –citamos como ejemplo- en un bosque proporcionan muchas toneladas por hectárea en climas fríos, pero, muchas más todavía en un bosque húmedo tropical. Si observamos esta acción física en el tiempo veremos que cuando menos pasado un año la superficie del mantillo orgánico difiere poco de la cantidad que se presenta antes de la caída anual. Así podemos tener una idea de los diversos problemas relacionados con los cambios que año con año o temporada tras temporada lleva a cabo la naturaleza en función a poblaciones vegetales y en los distintos microclimas.

Autores que han publicado trabajos de microbiología de los suelos han estimado la presencia de Naegleria (una amiba que habita el subsuelo) entre 26 mil a 416 mil organismos por gramo de suelo en la dinámica de 24 horas. Queremos hacer hincapié una vez más, en que la madre naturaleza no conoce o no acepta domingos ni días festivos, si está en una constante dinámica en los horarios del día y de la noche.
    
Entendiendo los números

Las investigaciones deben estimarse de lo más serio toda vez que en los resultados logrados, se han llegado a calcular números de bacterias en colonias importantes, consumidas por Naegleria, entre una división y otra: el número concluyente aceptado en la microbiología de los suelos es de 52 mil millones de bacterias por hectárea. Una cifra común manejada ya tradicionalmente es de los tres mil millones de bacterias por gramo, en suelos normalmente cultivados, y con una realidad latente el peso vivo de esta cantidad de bacterias se supone en casi siete toneladas por hectárea.

Cuántas veces se ha mencionado en esta columna la riqueza de un suelo cultivado, ésta se evalúa en un mínimo de 3-5 kilos de materia orgánica por metro cuadrado, sin embargo, de que se puedan alcanzar y mantener (lo más importante) de 5-7 kilogramos por la misma superficie. Tal vez nos hemos de preguntar junto a nuestros progresistas productores, si esas cantidades de materia orgánica son suficientes para satisfacer las necesidades de la dinámica de microorganismos, para garantizar la estabilidad de interacción de suelo-planta y acorde con la especie vegetal que cultivemos. Mencionemos un ejemplo más: si el aumento de Naegleria se produjera en forma simultánea en todo el campo implicaría el consumo de una 118 toneladas de bacteria por hectárea y día, lo que correspondería según una sencilla operación numeral a 23 toneladas de materia seca, que representaría una dosis ciertamente excesiva de materiales comportados de aplicación anual para un campo de cultivo.

“El toma y daca”

Esta expresión vernácula la aplicamos para entender la importancia que tiene en la ecología una biomasa o volumen foliar en las especies vegetales; por un lado absorben el bióxido de carbono, mecanismo que nos ayuda a limpiar nuestra atmósfera viciada y, en cambio y proporcionalmente esa masa foliar desprende oxígeno.

En la actualidad no parece muy probable que pudieran darse cambios tan grandes simultáneamente en superficies extensas, debido a que si consideramos que la tercera parte del carbono bacteriano se pierde con la respiración en forma de bióxido de carbono, tendríamos para ello que observar lo que sucede  en un bosque de pináceas y lo que se observa en un bosque tropical; en ambos casos el estado físico estructural y de textura de los suelos influencia directamente el comportamiento aéreo de las especies. Una observación sencilla: transitando a través de los bosques ya citados, percibimos olores o aromas a veces de una manera constante y en ocasiones esa constante aromática se interrumpe; y no es precisamente por la presencia de flores. Con esto tenemos o llegamos a una conclusión: dentro de las comunidades vegetales su uniformidad establece un proceso cíclico en acción continua. Si tomamos un acto más como ejemplo, un prado en una zona determinada, los clones o matas de hierba aumentan de tamaño (constantemente
vemos dominancia de hoja ancha sobre la hoja angosta), en otra han alcanzado su madurez, mientras que en otro caso en otra parte del mismo prado las matas degeneran y mueren. Aunque el aspecto general de la comunidad es el de estabilidad y uniformidad, en pequeña escala aparecen rápidos cambios e inversiones.

De la fauna

En las zonas en que aparece un rápido aumento de los protozoarios, el promedio de vida de las células bacterianas es corto.

Desde esta columna enviamos un afectuoso saludo a nuestro gran amigo el respetado científico ingeniero Roberto Rivera, quien con sus trabajos en la química enzimática ha enriquecido y con mucho el concepto que hemos vertido en esta parte del serial; su aportación enriquece nuestro interés en la descriptiva del mejoramiento de los suelos vía los microorganismos, ante nuestros amables lectores y agricultores interesados.

Los cambios rápidos se observan principalmente en las especies unicelulares. Los organismos filamentosos tienen un largo periodo de actividad, pero ofrecen gran diversidad en su comportamiento. Los hongos presentan marcadas diferencias entre la actividad efímera de los ficomicetos y la más prolongada de los micelios, de los bacidiomicetos. Es interesente señalar que en la estructuración de los ficomicetos no se producen antibióticos. Un estudio sobre la forma de crecimiento de estos hongos, unido a los datos obtenidos en los porta-objetos de los microscopios en distintos periodos de tiempo, demuestra que la vida de cada uno de las partes del micelio, en un suelo con una población microbiana, dura menos de un día. Se supone pues que al desarrollarse los extremos (de los micelios) aumenta poco a poco la citoplasma con sus reservas hasta que se realiza la fructificación.

De la práctica de campo

Es de suma importancia para la economía agrícola la aplicación adecuada de estimulantes de la dinámica microbiana de los suelos; específicamente mencionamos la aplicación de enzimas que, para sus óptimos resultados de estimuladores, el rociado debe hacerse de inmediato al removido del sustrato en cuestión, que puede ser material comportado de esquilmos o estiércoles crudos. Es económico y efectivo el rociado con pleno cubrimiento; estamos seguros que nuestros amigos agricultores notarán una rápida respuesta a su esfuerzo por manejar su suelo agrícola adecuadamente.

ROBERTO SIERRA B. / Ingeniero agrónomo, asesor y consultor.
Correo electrónico: ing.sierra@yahoo.com