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Miércoles, 20 de Marzo 2019

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El más corrupto

Por: EL INFORMADOR


El debate de qué partido es el que promueve y vive más la corrupción sigue en la mesa de discusión. Por supuesto que para algunos es el Partido Acción Nacional (PAN) y para otros es el Revolucionario Institucional (PRI), para algunos más el de la Revolución Democrática (PRD) y desde luego para muchos, todos son iguales.

El asunto es si realmente se puede llegar a ser objetivos y tener un exacto medidor de los niveles de corrupción. Venga de quien venga.

De acusaciones ya estamos cansados. De que unos a otros se echen la responsabilidad, también nos parece inadecuado. Lo que sí es importante es detenerla, porque nos rebasa y enferma.

Por principio, la corrupción se sustenta en la capacidad de mentir y de esconder el incumplimiento de las leyes. Es muy cierto que las personas corruptas harán todo lo posible para usar el poder y el dinero para no cumplir con la moral y el deber. Incluso son capaces de atropellarlas con tal de salirse con la suya.

Los intereses personales son mucho más importantes que los colectivos. Los beneficios, ventajas y abusos predominan por encima del respeto y cumplimiento de las normas y costumbres aceptadas como buenas por la sociedad.

La corrupción es una manera justificada de alcanzar y mantener el poder y la riqueza. Por tanto, todos somos propensos a ella. No es una condición partidista ni institucional, es un hecho socio-cultural. Es una manera primaria de resolver los asuntos políticos. Donde el aparentar y disfrazar una pulcritud moral, se convierte en el ejercicio básico de teatralidad.

Los corruptos viven una doble mentalidad. Por un lado aparentan una cosa, y por otra hacen otra. Es el arte del engaño. Por lo tanto, una primera forma de concretar quiénes son los más corruptos, equivale a descubrir quiénes son los más mentirosos y los más hipócritas. Para ello, hay que demostrarles sus falsedades y sus engaños.

En la filosofía moral tradicional, siempre se ha reconocido que todo parte de la auténtica intención interna del sujeto. Es decir, la verdadera motivación. Aunque los hechos puedan ser más o menos aceptados y conforme a las normas, en realidad existe un deseo de engañar y de mentir, para obtener algo diferente de aquello que se aparenta. Y para lograrlo se está dispuesto a recurrir a lo que sea, con tal de alcanzar el objetivo. El fin justifica los medios. Cuando la verdadera moral debería de ser exactamente lo contrario.

Finalmente me quedo con una realidad, no importa el color del partido, ni la posición del sujeto. El sistema que vivimos permite y facilita la corrupción. Las costumbres del pueblo acomodan las cosas para que a todos los niveles arreglemos las cosas por encima de la ley.

Y por eso me quedo con una triste conclusión: el sistema mexicano es el corrupto y no estamos haciendo lo suficiente para que cambie.

El lugar por el que debemos empezar es por la limpieza en los jueces y en todos los procedimientos judiciales. Mientras los juzgados permitan la corrupción, no avanzaremos en las distintas áreas de nuestro sistema político.

Si el que debe defender la justicia, se corrompe ¿Qué esperanzas tenemos de cambios?

GUILLERMO DELLAMARY / Filósofo y psicólogo.

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