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Martes, 19 de Noviembre 2019
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ENTRE VERAS Y BROMAS

Por: EL INFORMADOR

— “Lo que quiso decir...”


La declaración del cardenal arzobispo de Guadalajara, Juan Sandoval Íñiguez, la semana pasada, en el sentido de que el proyectado tránsito del Macrobús por la Avenida Alcalde “podría afectar a la Catedral” y a otras cuatro iglesias, puede ser clasificada, para efectos de archivo, como hipótesis, especulación o mero comentario. No como dogma... Éste, según la escolástica, es “toda verdad revelada al hombre por Dios —sic— y expuesta por el magisterio de la Iglesia”. No es el caso. Cuando se pronunció sobre el tema, Su Eminencia apeló, simplemente, a la más rudimentaria fuente de la verdad: la experiencia.

Puesto que la Catedral es la sede del gobierno episcopal, si Don Juan —como le dice familiarmente el gobernador Emilio González Márquez— afirma que el constante paso de vehículos por el túnel de la calle Hidalgo “ha puesto en peligro la estabilidad de la torre norte”, y que los cientos de camiones que circulan diariamente frente al inmueble “están cimbrando constantemente las bóvedas y —¡ojo con esto!— las abren”, es porque tiene los pelos de la burra parda en la mano.

—II—

Se apuntó, de bote-pronto, que la declaración cardenalicia haría las veces, por lo menos, de una molesta piedra en el zapato de quienes impulsan el proyecto del Macrobús sin tomarse la molestia de convencer a la población, con argumentos sólidos, de sus teóricas bondades y de la conveniencia de apostar por este sistema para resolver los cada día más graves problemas de movilidad de Guadalajara y anexas. Y así fue: los opositores sistemáticos del “macroburro” se acogieron, presurosos, a las palabras de Su Ilustrísima.

Tácitamente, a falta de otros liderazgos con más autoridad moral, lo erigieron en el portaestandarte de su causa.

—III—
Menos mal que la reacción llegó con rapidez. El jueves, Su Eminencia declaró. El lunes, los exégetas (intérpretes de textos que si se analizan libremente pueden inducir a errores e incluso a herejías) oficiosos, aparecieron en escena. Tanto el gobernador González Márquez como el secretario de Vialidad, José Manuel Verdín, decidieron convertirse en reediciones de Rubén Aguilar Talamantes, el singular vocero de la Presidencia en el sexenio anterior, que dejó una frase para los bronces: “Lo que el Presidente quiso decir...”. En ese plan, tanto el gobernador como el secretario apuntaron que quizá el cardenal Sandoval dijo lo que dijo “por falta de información”...

Quizá sea cierto. Su Eminencia no tiene la potestad —privativa del Papa—, de pronunciarse “ex cátedra” (es decir, de promulgar dogmas de fe en materias de fe y costumbre)... y menos aun sobre temas tan rupestres como los relacionados con el posible conflicto entre piedras viejas y camiones nuevos.
Lamentablemente, los ilustres exégetas no incorporaron elementos para ilustrar a Su Eminencia... y, de paso, a quienes consideraron que la suya había sido una declaración prudente y criteriosa. No aportaron elementos técnicos que absuelvan al Macrobús, a priori, del pecado —a nivel de tentativa (de mal pensamiento, diría el viejo Ripalda)— que se le imputa.

—IV—

Y ese es el quid del conflicto: que la insistencia en que el Macrobús debe circular por el Centro y pasar frente a la Catedral, no pasa por criterios técnicos (como ocurriría en una sociedad civilizada), sino políticos.
Y eso —valga el símil— es poner la Iglesia en manos de Lutero. Literalmente.

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