Miércoles, 22 de Enero 2020
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¡Ándale con los ilegítimos!

Por: EL INFORMADOR

A mediados de agosto de 2006, en la cresta de la crisis postelectoral que se produjo ante el apretadísimo resultado de la elección presidencial, los perredistas afines al derrotado Andrés Manuel López Obrador arremetían con todo para forzar la anulación de los comicios, tras el fallido intento del “voto por voto, casilla por casilla”.

De los escenarios de batalla, uno de los más visibles (más mediáticos dirían algunos) era el Palacio Legislativo de San Lázaro, en donde las fuerzas partidistas convertían las sesiones parlamentarias en arena para el duelo de acusaciones. Por aquellas fechas, el lunes 14 de agosto, se produjo una zacapela afuera del recinto, que ya estaba resguardado por los contingentes de la Policía Federal.

En la rebatinga, un grupo de mujeres perredistas arremetió contra los federales con la intención de penetrar a San Lázaro, pero los uniformados las repelían. De repente, cuando se agolparon en el lugar tantos gendarmes como periodistas, resonó la voz de una dama: “¡Soy diputada, soy diputada, hijos de la...!”, gritó una y otra vez con la sonora expresión que, desde luego, hacía rima. Su nombre: Clara María Brugada, legisladora del Partido de la Revolución Democrática (PRD), y una de las más aguerridas obradoristas.

Desde luego que la refinada imagen se multiplicó de inmediato en todos los medios de comunicación. Minutos después de la escaramuza, la señora diputada apareció en lo alto de la escalinata de San Lázaro, con la mano zurda en alto, pero esta vez no para evidenciar su filiación izquierdista, sino para exhibir un abultado vendaje con el que cubría una presunta lesión causada por los policías.

El pasado 23 de marzo, doña Clara regresó a la escena pública al ganar por más de cinco mil votos la elección interna del PRD para la candidatura de jefe delegacional en Iztapalapa. No se trata de cualquier demarcación del Distrito Federal, sino de uno de los enclaves emblemáticos del grupo contrario al “Peje”, que comanda justamente el actual dirigente nacional perredista, Jesús Ortega, y que había mantenido el control delegacional durante nueve años.

La misma noche de la elección, en cuanto se conoció el resultado, la opositora de Brugada, de nombre Silvia Oliva, anunció que impugnaría ante las instancias partidarias y, de ser necesario, acudiría a los tribunales. Lo hizo, y en la madrugada del viernes pasado, el pleno del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) resolvió, por unanimidad, revertir el resultado de la Comisión Electoral perredista, y dar el triunfo, irrevocable, a Oliva.

Antes de que se pudiera producir la resolución de los magistrados, las huestes de doña Clara irrumpieron en el salón de plenos del TEPJF y obligaron a suspender la sesión, hasta que la fuerza pública llegó para desalojarlas y garantizar que se pudiera reanudar la deliberación.
Conocido el resultado, los alfiles del “Peje” (en acuerdo con el jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard) buscan despojar de la candidatura a doña Silvia, suspendiéndole sus derechos partidistas o expulsándola del PRD ¡por ilegítima! ¿Le suena familiar? ¿Cuántos candidatos o gobernantes ilegítimos se irán a acumular a lo largo y ancho del país?

VÍCTOR E WARIO / Periodista.
Correo electrónico: vwario@informador.com.mx

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