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Martes, 21 de Agosto 2018
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México

La elección presidencial en un tiro penal

Andrés Manuel López Obrador se ha mantenido a la cabeza de las preferencias rumbo a la elección del 1 de julio... ¿Qué tanto influyen las encuestas electorales en la decisión última de los ciudadanos?  ¿Qué lección nos dan para este 2018?

Jonathan Lomelí

El ciudadano también decide su voto a partir de la percepción que generan las encuestas electorales. No es lo mismo acudir a las urnas este 1 de julio con Andrés Manuel López Obrador con 20 puntos de ventaja que con un Ricardo Anaya Cortés a cinco puntos del tabasqueño. El voto útil, que puede modificar el resultado de una elección, también se activa a partir de las tendencias que permean en el votante. Por eso vale la pena hacer una breve “historia” de nuestras tendencias electorales.

En mayo de 2006, Consulta Mitofsky daba un empate entre López Obrador (34%) y Felipe Calderón Hinojosa (34%). A Roberto Madrazo del PRI lo enviaba al tercer lugar (28%). Parametría ponía adelante a López Obrador sólo dos puntos. En esas mismas fechas, otras encuestadoras como Demotecnia así como Berumen y Asociados también anticipaban una contienda cerrada. Al final, Felipe Calderón Hinojosa ganó con el 35.8% de los votos contra el 35.3% de sufragios que logró AMLO.

También en mayo, pero seis años después, Consulta Mitofsky le daba ventaja a Enrique Peña Nieto en preferencia efectiva de 48% contra 24% de López Obrador. Ese amplio margen lo reflejaba también Parametría que ponía al candidato del PRI a 20 puntos del segundo lugar. (Cualquier parecido con la realidad de la contienda actual es mera coincidencia).

Tras la elección de 2012, el entonces IFE informó que el ganador del proceso electoral fue Peña Nieto con un 38.21% de los votos, seguido de Andrés Manuel López Obrador con un 31.57% y finalmente Josefina Vázquez Mota con el 25.40%. Ese margen de 20 puntos que las encuestas daban de ventaja a Peña Nieto se redujo finalmente a sólo 6.6 puntos frente a López Obrador que logró remontar, pero no le alcanzó para ganar.

Si en 2006 López Obrador perdió por sólo 244 mil votos en números redondos, seis años después, la Presidencia se alejó de él frente a Peña Nieto que superó al tabasqueño por 3.3 millones de sufragios. Esto a pesar de que el entonces perredista logró 1.1 millones de votos más que en 2006.

Lo que sucedió es que EPN capitalizó el hartazgo del sexenio del panista FCH. Esos tres millones de votos que le dieron el triunfo fueron casi los mismos que perdió el PAN entre 2006 y 2012. Es decir, en el México democrático del Siglo XXI, un mal sexenio pesa en las urnas contra el partido en el poder.

En todo caso, la elección de este 2018, en donde las encuestas le dan una amplia ventaja a AMLO, se parece más a la contienda de 2012 que a la de 2006.

La noche previa a la elección presidencial de Estados Unidos, “la encuesta de encuestas” del New York Times cerró así sus estimaciones: le daba una ventaja a Hillary Clinton de 45.9% contra 42.8% de Donald Trump. Una predicción acertada si consideramos sólo el voto popular: al final la demócrata obtuvo alrededor de 2.8 millones más que el republicano. Pero el sistema de votación indirecta de EU, en donde deciden la contienda los 528 integrantes del Colegio Electoral, le dio el triunfo a Trump al ganar más estados.

Las encuestas electorales no erraron del todo, contrario a la idea generalizada; más bien fallaron las estimaciones probabilísticas que le daban con amplio margen el triunfo a Hillary Clinton: aseguraron que tenía hasta un 85% de posibilidades de ganar. El NYT cerró así su veredicto una noche antes de la elección: “Una victoria de Trump es posible: la probabilidad de que Clinton pierda la elección es la misma que tiene un jugador de la NFL de fallar un gol de campo de 37 yardas”. A menos de 40 yardas, un jugador de americano tiene alrededor del 85-90% de efectividad. Lo sabe cualquier aficionado, como también sabe que ningún pateador es infalible.

Hay un símil con la elección presidencial de México. Roy Campos de Consulta Mitofsky aseguró recientemente que la probabilidad de que Andrés Manuel triunfe es, justamente, de un 85%.

Si la elección se decidiera en un tiro penal, en donde Andrés Manuel es el tirador, ¿qué probabilidad tendría de anotar y qué probabilidad de fallar?

No hay que perder de vista que estamos en México.