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Lunes, 14 de Octubre 2019
Ideas |

Ya lo dijo Nicanor… ¡qué sopor! ¡qué sopor!

Por: Francisco Baruqui

Arrancó la temporada de corridas en Guadalajara bajo un tenor de auténtica mediocridad.

Desde la entrada misma, apenas un tercio de plaza con un público entusiasta, que iba con ganas de aplaudir, solo que cuando en la fiesta de toros la ausencia de emoción prevalece, el aburrimiento se presenta cuando el lucimiento escasea.

La ganadería de Arroyo Zarco presentó un corrida de toros digna, con crianza, variopinta, en la que la tonalidad de los pelajes fue desde el castaño pasando por el bragao, salinero y un jabonero sucio, todos con las hechuras para envestir, ya que eran toros bajitos, estrechos de sienes, cómodamente armados y que tuvieron las condiciones de movilidad y claridad en el embestir, cuanta nobleza y buen son. Apenas se le señaló el puyazo pasando todos con un viaje al penco pero llegando a la muleta, manejables y sin problemas, pero acusando la falta de casta que derivó en la limitada transmisión lo que impactó en lidias que frente a toreros que no se gustaron dieron como resultado una tarde anodina, monótona y aburrida.

Cuando los toreros no se gustan… es difícil que gusten.

Y esto, y no otra cosa, es lo que sucedió. Tanto Juan Pablo Sánchez como Arturo Saldívar y Diego Silveti, la terna completa, ofrecieron una actuación voluntariosa, hasta entusiasta, pero sin el sentido del gusto al sentirse toreros lo que de una forma o de otra, motivó a la vulgaridad.

Faenas de pases, muchos pases, muchísimos pases pero carentes del gusto y la estructura en la expresión que daban muletas de metralla, chicoteras sin el manejo suave, armonioso, cadencioso y templado que varios de los ejemplares de Arroyo Zarco ofrecieron.

Hubo un séptimo de regalo del mismo hierro y divisa ofrecido por Sánchez, pero sin lucimiento mayor tampoco.

Tarde también de avisos para Saldívar y Silveti, quedándose éste el mejor lote de la corrida, pero sin conectar mayor cosa en trasteos de medianía que para nada agradaron al cónclave que tomó parte, a momentos, por los toros.

Así, campeando la mediocridad, la vulgaridad compitió.

Ojalá que los festejos venideros revistan mayor interés que el público nada gusto que salió.

Y don Nicanor, soporífero…

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