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Martes, 21 de Noviembre 2017

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Ya Nadie Da Empleo

Ya Nadie Da Empleo

Ya Nadie Da Empleo

Hace algunos días un joven que apenas conozco publicó en su muro de Facebook un mensaje en el que se leía: “Hey, me urge un empleo… Avísenme por este medio”.

Imaginé que “seguramente” todos sus contactos, incluido yo, en cuanto leyéramos el mensaje correríamos a revisar nuestros respectivos ámbitos laborales para buscar un lugar y dar cabida a este joven.
Para nada; vaya manera de pedir empleo.

De por sí, es muy poco probable que alguien que “ande buscando empleo” lo consiga, a menos que sea un ultra recomendado o un pariente muy cercano. Mucho más complicado para quien busca una “chamba de lo que sea”.

Y esto nos lleva a una reflexión aún más profunda: nadie que valore su empresa o para la que trabaje “da empleo”. Y me explico.

Hace muchos años, cuando empezaba mi carrera en el mundo de la Radio, conocí a un viejo radiodifusor que dejó en claro que por favor nadie se acercara a él buscando empleo a pesar de que en ese momento el suyo era uno de los grupos radiofónicos más grandes del país, y en franco crecimiento. Y fue entonces cuando me explicó que si alguien lo buscaba para pedir un empleo, o para contarle de sus penurias económicas por falta de uno, lo rebotaba en automático. Y sí, efectivamente contrataba personal, y mucho, pero a nadie que buscara empleo. Él contrataba a quienes necesitaba para un puesto determinado y con necesidades específicas, o a quien se le acercara para ofrecerle un buen proyecto que beneficiara a su empresa.

Y recordé una historia que contaba la gurú de la Nueva Era Linda Nacif. Ella hablaba de un caminante que recorriendo caminos llegó a las afueras de una aldea. Ahí, encontró a tres hombres que afanosamente con un cincel tallaban bloques de piedra dándoles forma.

Preguntó al primero: “¿Qué haces?”

Y le respondió: “Estoy tallando una piedra…”

Hizo la misma pregunta al segundo hombre, quien le dijo: “Me estoy ganando el sustento para mí y para mi familia…”.

Hizo la misma pregunta al tercer hombre, pero éste con un brillo especial en los ojos y con profunda emoción le contestó: “Estoy construyendo una catedral…”.

Sí, me quedó claro que ése es el tipo de personas que contratan las grandes empresas: a aquellos que están buscando construir catedrales.

Y vaya esta reflexión para todos aquellos que hoy se quejan de falta de empleo, de falta de una oportunidad para ganarse el sustento para sacar adelante a sus familias… Antes de seguir buscando “un trabajo” habría que preguntarse: ¿Dónde está la catedral que yo puedo construir? ¿Para quién?

Y por ahí empezar a buscar dónde hacerlo.

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