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¿Y si Alfaro no fuera el candidato?

¿Y si Alfaro no fuera el candidato?

¿Y si Alfaro no fuera el candidato?

El presidente municipal de Guadalajara, Enrique Alfaro, es el candidato natural de la oposición competitiva en Jalisco, pero eso no significa que el futuro de las boletas jaliscienses ya esté escrito y lleve su nombre. No después de lo que el país pudo ver en las elecciones de Coahuila, Estado de México y Nayarit. Principalmente después de lo visto en el Estado de México.

Y es que ahí pasó algo que no habíamos visto con tal claridad: el voto antipriista compitió con un voto antimorenista. Es una torpeza leer los resultados sólo en función de las alianzas que faltaron, pues todo indica que sacar al PRI del gobierno no era bandera suficiente. Por eso el voto no se volcó mayoritariamente hacia la opción competitiva, que era la de la candidata Delfina Gómez.

¿Por qué no sucedió eso? Porque aunque una parte del electorado está en contra del PRI, hay otra que está en contra de Morena.

En Jalisco, la decisión de Enrique Alfaro de pasar por el gobierno tapatío antes de llegar a la elección gubernamental de 2018 puede tener un efecto similar: hay un desgaste —no sólo atribuible a su mala relación con parte de la prensa local— que lo coloca como un indeseable a la vista de un sector del electorado. Ahora hay antialfaristas.

Si a eso le sumamos que Movimiento Ciudadano no fue incluido entre los partidos “buenos” por Morena, las opciones para Alfaro cambian y el abanico de resultados electorales jaliscienses se amplía. Ya nada está escrito.

Hace año y medio, nadie le hacía competencia a Alfaro. Hoy, el priismo tiene un respiro nacional, el antipriismo compite con el antimorenismo y, regionalmente, con el antialfarismo. El PAN y el PRD quedan como partidos bisagras y la certidumbre que acompañaba a Enrique Alfaro se ha evaporado.

La baraja se multiplica: el PRI puede empujar a un candidato externo, el PRD y el PAN pueden ir juntos con un rostro que le dé batalla a la poca fuerza de los liderazgos tricolores, Movimiento Ciudadano puede aliarse con el PAN y ungir a Enrique Alfaro como el candidato natural, arriesgándose a arrastrar los negativos que ya tiene como gobernante. O claro, Movimiento Ciudadano puede ir solo, en una actitud muy parecida a la del lopezobradorismo, con el líder empujando, pero también deteniendo.

O puede haber otro escenario: que Movimiento Ciudadano aproveche la fuerza y el carisma de Alfaro, pero no como candidato a la gubernatura. Si con algo sorprendió el alfarismo fue con la frescura y formación de los cuadros, pero no los ha puesto a prueba frente al líder máximo. ¿Qué pasaría si Movimiento Ciudadano busca alianzas, aprovecha de otra manera a Alfaro y se arriesga a poner a un cuadro sólido, sin los negativos de su dirigente?

No olvidemos que el proceso electoral de Jalisco se realizará al mismo tiempo que el proceso presidencial, y por lo tanto, arrastrará el contexto partidista nacional. En ese contexto, Movimiento Ciudadano no puede ir aislado. Deberá negociar alianzas o, incluso, al mismo candidato.

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