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Y mientras, las adolescentes

Y mientras, las adolescentes

Y mientras, las adolescentes

Mientras arman escenarios para la proyección de candidaturas, mientras deshojan la margarita para calibrar si diálogo si o diálogo no, mientras cerrazones, ineficiencias y cálculos políticos se suceden, cientos de miles de adolescentes están siendo expulsadas del sistema de educación.

Porque cuando una estudiante de nivel secundaria resulta embarazada, el sistema de educación pública no tiene mecanismos, mucho menos estrategias para retenerla dentro de la educación formal. En cambio, es aconsejada a ‘salir’ del plantel para no dar ‘mal ejemplo’. Imposibilitándola para asistir a su escuela y terminar sus estudios. Luego el sistema de educación, en ese momento, se vuelve el primer enjuiciador, expulsor social que pone a las adolescentes en situación de mayor vulnerabilidad.  

Y con esta expulsión se inicia una cadena de marginaciones para muchas adolescentes, población lastimada que abarca alrededor de 10.7 millones de adolescentes en el país que son desatendidas. La organización Save the Children informó que en México, cada año, medio millón de adolescentes más se embarazan, logrando que México sea el país, de la OCDE, que más embarazos de adolescentes tiene. Un problema que crece.

Hasta hace poco, los embarazos en adolescentes se circunscribían a la población de pobreza extrema, pero en los últimos años se ha extendido hasta áreas urbanas, no necesariamente pobres, de acuerdo con Welti, demógrafo de la UNAM.  Y este fenómeno además tiene un alto impacto en la feminización de la pobreza, porque excluidas del sistema de educación, inhabilitadas para encontrar un trabajo de medio tiempo que les permita atender a su bebé, lo que sigue para estas adolescentes es la pobreza, la explotación y, desde luego, la marginación, no sólo de la madre adolescente, sino de su hijo.

Así, el círculo negativo que inicia cuando las adolescentes son expulsadas de sus estudios, continúa con servicios de salud insuficientes para cuidar a la madre y al bebé, y se agrava cuando la familia carece de recursos para cubrir los gastos del bebé y de la madre; además las tasas más altas de sida y enfermedades de transmisión sexual se concentran en esta población, y las adolescentes tienen doble riesgo de sufrir complicaciones en el embarazo y/o el parto. Ausencia de programas integrales, que les han dejado este panorama como negro destino.  

El Consejo Nacional de Población (CONAPO) tiene una campaña que alerta a las adolescentes, pero no es suficiente. Y la SEP, que tiene el programa de educación sexual, sin embargo, se volvió la institución que expulsa a las adolescentes embarazadas, de su educación formal.

Y en esta época de tiradores a precandidaturas, no hay ningún aspirante que se le haya ocurrido un programa interinstitucional para atender, de manera focalizada, a las adolescentes en esta situación. No lo hay desde la Secretaría de Educación, no lo hay desde Sedesol. No hay un programa integral para apoyar la continuación de sus estudios, que ofrezca guarderías para los niños y talleres para las madres adolescentes en áreas como alimentación, cuidado infantil, apoyo psicológico y programas educativos a distancia y con asesoría para que concluyan sus estudios y continúen su formación, además de bolsas de trabajo que consideren la media jornada de trabajo como una posibilidad. Una propuesta que podría tomar el más listo de los nominados, si es que hay...

Así, este abandono debe cesar, porque de otra manera se le da la razón a Save the Children, cuando señala: los embarazos en menores de edad en nuestro país reflejan inequidad, injusticia y pobreza; una de las muchas tarjetas de (mala) presentación de nuestros gobiernos.

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