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Domingo, 19 de Noviembre 2017

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¿Y los excedentes petroleros?

¿Y los excedentes petroleros?

¿Y los excedentes petroleros?

In memoriam Lázaro Cárdenas

¿Qué tanto hace que nos llenábamos la boca hablando de los excedentes petroleros? Ello ocurrió durante la “docena trágica”, cuando Los Pinos estuvo habitado sucesivamente por la estulticia y la vocación militarista.

No debemos perder de vista que, durante esos dos sexenios, México tuvo los regímenes más ricos de su historia. No tanto por el talento especial de su gobierno, sino por el hecho internacional de que el precio del petróleo se fue a las nubes. Pero en vez de hacer caso de los preceptos económicos de las abuelas y de guardar e invertir para el futuro, dilapidamos alegremente “los excedentes petroleros” repartiendo empleos y pingües salarios con ánimo de que el partido que se estrenaba pudiera hacerse de una clientela que lo mantuviera ahí a como diera lugar.

Del éxito del intento dan fe los desastrosos resultados que alcanzaron en las últimas elecciones presidenciales, atribuidos principalmente a que muchos beneficiados por tales repartos otearon que el barco se hundía y fueron los primeros en abandonarlo… Dicho de otra manera muy sencilla, entre un sexenio y el otro se incrementó el costo de la burocracia gubernamental, mediante el crecimiento de la nómina y la hinchazón de los salarios altos, del sano 11 % que recomiendan los organismos internacionales al 33% del Producto Interno Bruto que, en este caso, resultó más bruto que lo tolerable.

Un grave error de este gobierno, con su ánimo de concordia, fue no haber limpiado la casa desde el principio de todos los trebejos inútiles y, lo que es peor, nocivos y hasta enemigos del propio régimen.

Mas para los fines que nos preocupan ahora, vale recordar que mientras los dólares petroleros inundaban el país y muchos se salían por la puerta de atrás, tal vez ya con aviesos fines de que la riqueza del “oro negro” pudiera repartirse con amigos forasteros, nos olvidamos de invertir también en investigación y búsqueda de los tantos pozos que todavía existen bajo el territorio y las aguas nacionales, así como de la construcción de refinerías para convertirlo en el combustible de uso cotidiano.

Resulta de una enorme gravedad y, tal vez, hasta producto de muy mala leche que incluso varias plantas hayan dejado de operar. El resultado fue que, de ser una potencia energética que nos dio otrora prestancia mundial, nos convertimos en dependientes de los extranjeros que todos sabemos. Con una gran impudicia se habla ahora, por caso, de que el 40% de la gasolina que ahora consumimos antiguamente la hubiéramos llamado “de carita”.

Pueden estar satisfechos todos aquellos mexicanos amantes de comprar productos importados, legal o ilegalmente, y que no hace poco hacían público escarnio de quienes regimos nuestras vidas “envueltos en la bandera”…

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