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Viernes, 24 de Noviembre 2017

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¡Y hoy únicamente, 70!

Por Xavier Toscano G. De Quevedo

¡Ay Dios mío!, pero si el día de mañana estaremos cerrando el octavo mes de este 2017. Se ha ido agosto, y podemos decir con “cierta y prudente” satisfacción, que dimos cuenta de algunas cosas rescatables en cuanto a nuestra fiesta se refiere.  

Apuntábamos en nuestro primer escrito del mes en turno, una frase muy recurrente entre los protagonistas de la fiesta: ¡“Que la Providencia Divina eche su capote misericordioso en ayuda de los toreros”! Y así fue. Percances se dieron —es el misterioso e ineludible riesgo que se vive en ella— y algunos de consecuencias graves, pero todos resueltos positivamente a favor de los toreros lesionados. Así que ya no fue en este año tan angustiante agosto y sí, la historia reciente nos ha marcado otros meses del calendario, como nuevas fechas de tristes y dolientes tragedias que han enlutado nuestro enigmático, y seguramente muy incomprensible Espectáculo Taurino.  

Pero, tendremos que terminar primero con el mes en curso, y recordar que finalmente este extraordinario y sorprendente Espectáculo, al que da vida su Majestad El Toro Bravo, nació y se identifica por ser una celebración o rito, que es cobijado por una impenetrable lobreguez de incertidumbre y solemnidad incomparable. Siendo fundamentado, en el ejercicio de “saber con propiedad” lidiar reses bravas, y que consiste en una acción perfectamente establecida y definida en las reglas del toreo, que además se han ido moldeando a través de los siglos, por esos hombres —“tocados por la mano de Dios”, que supieron distinguirse como genios —¡figuras!– favorecidos, logrando así descifrar los enigmas que en los ruedos les fueron planteando los toros bravos, y proveyendo con su capacidad a nuestra fiesta, en la creación de cada una de las suertes del toreo, y lacrando los cánones en el oficio de torear.

Es por ello que el adjetivo calificativo de “Figura” es análogo y referente a nuestro protagonista de este escrito: “Manolete”. Ya que Manuel Rodríguez Sánchez es sin ninguna equivocación una de las figuras más importantes, y no únicamente del siglo XX, ya que él está incluido con letras de oro en toda la historia de nuestra fiesta. Torero de época, y el más claro prototipo de la majestuosidad y grandeza torera, cedió a nuestro enigmático Espectáculo lo más noble que un hombre pueda ofrecer: su propia vida.  

Hoy que es miércoles 30, queremos recordar con el más profundo respeto y admiración aquella tarde del 28 de agosto, pero del año de 1947, cuando en el sencillo pueblo minero de Linares, provincia de Jaén, durante las festividades dedicadas a su Patrono San Agustín, se llevaba a cabo un festejo taurino, obviamente como es la costumbre dentro de la cultura y tradición del pueblo español. Han transcurrido 70 años, y sin embargo el mundo de los toros, vive, recuerda y se estremece con sólo pensar que aquel año del 47, fue la última tarde en la que actuó “El Monstruo Cordobés”.

“Manolete” emprendería su carrera taurina un 3 de mayo de 1934, a la edad de 17 años, participando en una novillada sin picadores en la ciudad de Écija. Poco después en Tetuán de las Victorias, provincia de Madrid, pasa a las filas de los novilleros actuando ya con picadores, en ese histórico cartel lo acompañaron Liborio Ruiz, Valerito Chico y nuestro “Faraón de Texcoco”, Silverio Pérez, siendo los novillos de la dehesa de Esteban Hernández.    
               
Cinco años después, en 1939, siendo el 2 de julio, “Manolete” recibe la alternativa —sueño de todos los hombres que se aventuran en nuestra fiesta— en la majestuosa Real Maestranza Sevillana, de manos de Manuel Jiménez “Chicuelo”, quien le cedió al toro “Mirador” de la ganadería de Tassara, y ante la presencia de Rafael Vega de los Reyes “Gitanillo de Triana”,” “Manolete” recibió las dos orejas del toro de su doctorado.
 
Toda una historia, la cual ha llenado no sólo cientos, sino miles y miles de páginas de muchísimos autores y estudiosos, que se han volcado sobre la figura de “Manolete”, y que seguro estoy faltará aún más por escribir. Sí, es así, ¡sorprendente, extraordinaria, inigualable e inagotable fuente de inspiración!                     
Esta es sólo una parte dentro de la historia de nuestra Fiesta Brava. ¡Espectáculo solemne, inexplicable e impredecible!, que conlleva el riesgo y la tragedia, contexto que ningún torero ignora y que sin embargo aceptan con dignidad y valor. “Manolete” así lo entendió y lo vivió cada día de su existencia, perpetuamente con su entrega y sin cortapisas, transitó con su majeza en este incomparable mundo, el cual es gobernado por el Eje Central y Único del Espectáculo: su Majestad El Toro Bravo. 

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