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Domingo, 13 de Octubre 2019
Ideas |

Y ándele que sale el peine

Por: Paty Blue

Me abordó con tanta franqueza y rezumada solicitud, que hasta pena me dio no reconocer aquella amable cara que de improviso acaparó mi atención. Era yo una más de las mentoras integrantes del ocasional corrillo que se reunió a la salida de un acto académico de la escuela donde trabajo, por lo que imaginé que aquella elegante dama que se tomó las confianzas de estamparme un beso en la mejilla, sería la agradecida mamá de alguno de los graduados. Pero al percatarme de que a los colegas apenas si les dispensó una forzada sonrisa, asumí que la cosa era conmigo, lo que me sorprendió tanto como el discreto jalón de brazo que me aplicó para apartarme del grupo.

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¿Usted es Paty Blue, verdad?, comenzó diciendo con ese tono de afirmación al que le sobran las interrogaciones. Ni chance me dio de completar la aclaración de que ése era solo el seudónimo utilizado para compartir por escrito mis intrascendencias, pero que en realidad… “Yo llevo leyéndola desde hace muchos años y mi familia tampoco se pierde sus ocurrencias semanales, ¿de dónde saca tanta tela para recortar?” Bueno, lo que pasa es que la vida cotidiana… “y cuando estaba en la radio tampoco me la perdía porque me gusta su sentido del humor” Es usted muy ama… “y ¿para cuándo saca un nuevo libro?, porque los tengo todos”, afirmó como si estuviera hablando de Paulo Cohelo o Stephen King, al referirse a la rala producción editada bajo mi falso nombre.    

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Ante los imparables cebollazos que no hacían más que enardecer mi pudor, ya ni el esfuerzo hice por responderle, ni siquiera para agradecerle que me tenga en tan buena estima, ni en tan prolífico concepto literario, así que opté por dejarla hablar a sus anchas, sin interrupciones y ahí fue donde salió el peine de sus aviesas intenciones para las que se me acercó con tan obsequiosos prolegómenos.

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Sin perder su sonriente aplomo comenzó reiterándome la supuesta popularidad que, al igual que la Adelita, según ella, tengo entre la tropa; que es mucha la gente que me lee y otra tanta que me sigue con fidelidad. Que ella ha tomado nota de semejante afirmación por sus amistades y conocencias que lo mencionan, y que sería fabuloso que alguien como yo, aprovechando tal experiencia y asumiendo la responsabilidad social a la que me obliga el oficio de comunicar, eventualmente hiciera algunos pronunciamientos en serio, digamos, como en defensa de la familia y a propósito de la multitudinaria marcha que sus salvaguardianes estaban por realizar.

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Ahí fue donde la rendida admiradora se dio cuenta de la seriedad de mis pronunciamientos, al enfatizarle con puntualidad que: a) ni mi espacio era el adecuado para hacer ese tipo de propaganda y b) que ni en lo personal lo haría en pro de una causa que considero tan artera, discriminatoria y descerebrada, y que bastante molesta estaba tras una semana de acoso telefónico y cibernético para que ocurriera al evento y para informarme que ya me tenían lista una acreditación de prensa que no solicité para cubrirlo. Fin de la conversa que terminó en un pleito tan indignante e inútil, como el que protagonizaron mis parientes, un día después de la dichosa marcha, en el grupo de contactos que comparten como clan (y al que no he ingresado por mis ignorancias tecnológicas). El ir y venir de opiniones encontradas al respecto, provocó que dos defensoras de la familia ajena optaron por segregar a los miembros de la propia, abandonando el grupo whatsappero del que formaban parte desde hace más de un año. ¿Cómo la ven?

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