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Sábado, 25 de Noviembre 2017

Ideas

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Vivir

Dice una canción de Luis Eduardo Aute que “vivir era un vértigo y no una carrera”.

Y coincido. Totalmente; es una suerte de conjuro laico que me lleva a cometer barbaridades desde que tengo uso de razón, y que a pesar de los pesares me ha mantenido siendo quien soy y pensando como pienso.

El vértigo al que se refiere Aute, inteligentemente, y que yo hoy retomo, tiene que ver con probar, ver, amar, apostar.

Meter la cabeza en las fauces del tigre, a pesar del letrero que en la entrada de la jaula expresamente lo prohíbe.

Subirse al paracaídas, a la montaña rusa más grande el mundo, discutir con el más obtuso de los hombres, pisar el césped allí donde no se puede, o no se debe, gritar a todo pulmón por lo que consideras justo, negarte a usar corbata para no tener que soportar dos nudos en la garganta, rendir homenajes, ver los amaneceres, meterse a las piscinas mientras llueve.

Probar todo lo que te pongan en el plato.

Amar hasta que duela.

Vivir es sin duda un vértigo.

No quiero ver pasar los días esperando en la mecedora que llegue la pensión o la muerte.

Tal vez por eso escribo.

Trasladando al papel los más salvajes sueños y también las más terribles pesadillas.

Para volver de lo cotidiano, uno y mil sucesos extraordinarios. Matar diariamente la rutina, tomar la bifurcación equivocada, y alegrarte, porque en el camino habrás encontrado nuevas cosas, desconocidas.

Sigo escuchando la canción de Aute, mientras escribo.

“Ante otro más de lo mismo, creí en lo distinto, porque vivir era búsqueda y no una guarida”.

Y creo que este señor dice las cosas que yo pienso.

Eso se llama otredad.

Y estoy celebrándola ahora mismo.

Háganse un favor  y busquen la canción que me está haciendo escribir las líneas que ahora escribo.

Se llama “Me va la vida en ello”.

Y en cuanto la escuchen entenderán por qué ésta tarde me puse como me puse.

Y también por qué quería compartirlo con todos ustedes.

Ojalá que después de leer esta columna se decidan romper aunque sea por unos instantes la rutina, decir no, hacer algo prohibido, quedarse en casa a leer y no ir a la oficina, meter la cabeza en las fauces del tigre tan sólo un instante, tan sólo para comprobar fehacientemente que estamos vivos.

Y que eso, hay que celebrarlo por todo lo alto…

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