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Vayamos a la raíz

Vayamos a la raíz

Vayamos a la raíz

Técnicamente hablando, la economía de la nación no está en crisis. No todavía. Pero las decisiones del gobierno le han puesto en el peor camino, el que puede reproducir las crisis que ya tuvimos en 1982 y en 1994, bajo líderes de la misma franquicia partidista, lo cual es mera coincidencia.

Ante las reacciones sociales que tales decisiones han generado el propio gobierno lanza propuestas de apoyo a la economía familiar y llamados al sector productivo del país para que al golpe que ya sufre, añada uno más: no ajustar los precios al nuevo costo de los insumos.

La situación es compleja. Si un distraído enciende un cerillo junto a una alberca, nadie se preocupa, pero si lo hace en un polvorín, la cosa cambia, y es el caso que las acciones y omisiones del gobierno han convertido al país en un polvorín: inseguridad creciente, incontables desaparecidos, corrupción imparable, crecimiento de la pobreza, afectación de las clases medias, problema magisterial, omnipotencia del narcotráfico, devaluación de la moneda, levantamientos armados de muchas comunidades, contrastado todo con la opulencia de la clase política y encima el aumento a los energéticos.

Vayamos a la raíz, y lo que ahí encontramos es ineficiencia. El país está en manos de personas incapaces, un ejemplo reciente es el nuevo Canciller que afirma no saber nada del cargo pero que aprenderá en el camino ¿Qué gente volaría con un piloto que anunciara lo mismo? ¿Y cómo pudo aceptar semejante encargo, sin saber nada? Es que desde hace años las leyes se reformaron para reducir al mínimo no sólo las edades sino aún las capacidades para desempeñar cargos públicos, lo cual se pretendió subsanar rodeando de asesores al funcionario, que resultaron ser parientes o recomendados que requirieron a su vez de otros asesores, y así la mancha burocrática fue creciendo al infinito. A esto se sumó la ocurrencia de elevar desorbitadamente el salario de los susodichos, que para que ya no robaran, y financiar a los partidos que para que no se dejaran infiltrar por la delincuencia, con resultados catastróficos para el presupuesto nacional que ahora buscan sostener desangrando una vez más al sector productivo.

El problema de fondo no es sólo el histórico mal manejo de los energéticos, que de momento ha sido la gota final, sino la extrema decadencia a la que ha llegado el sistema político mexicano, particularmente la depravación imparable de los partidos de los cuales ha salido el incontable número de burócratas incapaces y legisladores vendidos que aprueban año tras año el oneroso presupuesto de la federación que para este 2017, mantiene los sueldos estratosféricos de la alta burocracia, las prebendas, los privilegios, los dieciséis mil millones de pesos que se han asignado sólo para la oficina de la presidencia, los mil millones para el PRI y casi otro tanto para el PAN y el PRD, hasta MORENA, con cuatrocientos millones, más el presupuesto del INE, cuyos consejeros ganarán entre ciento sesenta mil y doscientos mil pesos y fracción mensualmente en un año que no es electoral, o los cerca de veinte millones de pesos diarios que nos costará sostener la inútil cámara de senadores ¿pues cómo nos va a alcanzar? Ningún pacto puede firmarse si este abuso criminal no es abolido.

Sin embargo, nada de esto sucedería si no hubiese una ciudadanía apática y pasiva, que en su mayor parte sigue aguantando con cara de fatalidad, haciendo chistes al respecto, o cuando mucho gritando consignas en manifestaciones que luego se apagan, se diluyen y se olvidan.

 

armando.gon@univa.mx

 

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