Logo de aviso informador Logo de circulo informador Logo de gente bien
Martes, 16 de Julio 2019
Ideas |

Un desliz firmado Cravioto

Por: El Informador

Por Eduardo Castañeda H.

El cinismo no exime de la responsabilidad de ningún acto. Alejandro Cravioto, por unos días más secretario de Cultura estatal, se robó varios párrafos escritos por la columnista María Palomar Verea, y tan campante.

El texto plagiado apareció en el libro El magisterio  estético  de José Ruiz Medrano, publicado por la Secretaría de Cultura de Jalisco en 2007. El documento, de donde lo tomó el escribiente pirata del funcionario, apareció en marzo de 2002 en La Jornada Semanal, en un ensayo sobre la revista Bandera de Provincias, hecho por ella misma, aunque el texto original data de hace 21 años, tal y como lo refirió María Palomar en su artículo del domingo pasado en “Tapatío Cultural”, de El Informador.

En su columna cuenta cómo al leer a Cravioto, quien elogiaba al clérigo, músico y catedrático tapatío con buena prosa, pensó: “¡si hasta parece que sabe escribir nuestro Secretario de Cultura!”. Y remataba en su artículo: “Nunca sabe uno para quién trabaja. Escribí para el señor Cravioto, sin saberlo ni quererlo, más de la mitad de su texto. Como hemos visto en tiempos recientes, quizá con ello haya yo contribuido a un futuro premio literario.”

Esto que puede parecer algo sin mucha importancia a mí me parece que es buen ejemplo del cinismo y la poca monta de nuestra clase política. El funcionario de más alto nivel en el ámbito de la cultura en el estado es deshonesto, pirata de obras creativas, las que se supone debe promover.

Y bueno, digo el funcionario para decir Cravioto, pero en realidad aunque él es el responsable por haber puesto su nombre a un texto que ni siquiera es capaz de imaginar, en realidad debería decir, porque deberíamos saber, el nombre del “creador” de cuanta cosa le piden y acepta “escribir” el secretario.

Es incluso en esos casos donde se nota de qué está hecha la burocracia cultural. También ellos se saben impunes. Imaginemos a esa personita que tenía que escribir el texto introductorio del libro sobre el padre Medrano, sentada frente a la pantalla de su computadora, un tanto desesperada porque entre tanta cosa no tuvo tiempo de pensar qué escribirle al arquitecto. Pero Google es una cosa maravillosa. Se encontró con el texto de Palomar en La Jornada y zaz: Seleccionar-Control +C-control +V, y listo. La pieza para el jefe estaba casi lista. Así de fácil, porque claro, como burócrata piensa que trabaja para su jefe y que éste, pues ni se dará cuenta de lo que firma, y el que firma piensa que trabaja para sí mismo, o en el mejor de los casos para su jefe y que éste, pues ni se dará cuenta.

¿Sabrán todos esos burócratas de primer nivel (y los de segundo que se quieren de primero) a quienes les escriben sus palabras, con qué están hechos sus discursos y textos grandilocuentes? Pues no, y no les importa. Ser honesto da mucha flojera y ciertos ambientes, puede ser hasta mal visto.

Lee También

Comentarios