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Sábado, 25 de Noviembre 2017

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Transporte, subsidio y oportunismo

Transporte, subsidio y oportunismo

Transporte, subsidio y oportunismo

Los que vivimos la época de hiperinflación, allá en los años ochenta, aprendimos que el efecto más grave de ésta es que permite a los productores y prestadores de servicios trasladar al consumidor, disfrazada de inflación, la ineficiencia de sus empresas. Esa es la mayor perversión del aumento de precios en cascada.

Algo similar sucede con la discusión del aumento de precio al transporte público en la Zona Metropolitana de Guadalajara. Los prestadores del servicio de transporte, que ya venían reclamando un aumento, ven en el alza a los combustibles una excelente oportunidad para presionar por el incremento. A bote pronto suena lógico. Si sube el principal insumo del transporte, que es el combustible, no hay manera que no se ajuste el precio. Pero hay muchos otros elementos a tomar en cuenta.

El primero es que, si bien es cierto que aumentó el precio del combustible, el aumento es mucho menor para ellos, pues de acuerdo a la miscelánea fiscal los prestadores de servicio de transporte público pueden deducir íntegro el IEPS del combustible. Es decir, el aumento que pagaremos todos por este concepto no les impacta a ellos. Claro, para que puedan obtener este beneficio primero tienen que pagar impuestos, y muchos de los concesionarios o subrogatarios del transporte público en Guadalajara no lo hacen, pues son sistemas hombre-camión que funcionan como pequeñas empresas informales o semiformales. Pero eso es un problema de ellos. Los usuarios no tenemos por qué cargar con las ineficiencias de los transportistas. Ellos no son propietarios del transporte, son concesionarios de un servicio público (es decir nuestro) que el Estado está obligado a prestar y a administrar.

En uno de esos arranques populistas a los que nos tienen cada día más acostumbrados los alcaldes de MC, el presidente de Guadalajara Enrique Alfaro pidió que el Gobierno del Estado no autorice el aumento y que por el contrario, destine tres mil 200 millones de pesos para subsidiar el transporte. ¡Hágase la voluntad del alcalde con el presupuesto del Gobierno! En realidad, se trata sólo de un acto de oportunismo político (bastante ramplón, si me piden mi opinión y poco serio para los momentos que vive el país) para poner en jaque el gobernador. Con ese dinero (si lo tuviera el Gobierno) se podría construir completo el Peribús y una línea más de Macrobús en Belisario Domínguez. Sería una tontería dedicarlo a un subsidio sólo para tener contentos a los alcaldes naranjas y a los transportistas.

La pregunta no es pues cuál es el costo del transporte con el sistema actual, sino cuál es el costo en un sistema transformado en rutas empresa y haciendo uso de los incentivos fiscales al transporte. Eso es lo que debe costar el pasaje y a partir de ahí discutir si la diferencia se subsidia y cómo. Partiendo de esa base entre más rápido se reconviertan más pronto van a ganar dinero. Y el transportista que no pueda o no quiera, que regrese sus títulos de concesión.

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