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Viernes, 18 de Enero 2019

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Sobre los separatismos

Por: Sergio Aguirre

Sobre los separatismos

Sobre los separatismos

Sin ignorar las muchas diferencias entre los países, ante la crisis generalizada de los Estados Nación por su falta de ductilidad ante el cambio de época hacia lo que muchos llaman posmodernidad, creo que las manifestaciones de las unidades políticas (en nuestro caso estados y Distrito Federal) que buscan la separación como lo fue el fallido intento de Escocia y el catalán en curso, en el fondo tienen razón (pero no en la forma).

Por ello, no creo que la salida correcta sea más nacionalismo o la desintegración de los Estados Nación. Todo lo contrario: dicha estructura política debe ser el epicentro de la repartición de funciones y obligaciones hacia superentidades (como la Unión Europea y el TLCAN) y hacia subentidades (como lo que para nosotros son los estados de la Federación y los municipios) que el cambio de época exige. Y lo debe ser tan sólo por ser la única capaz de hacerlo de forma ordenada y sin perder mucha estabilidad.

Pero no hablaré aquí de los beneficios que tienen para efectos económicos y sociales las superentidades, sino de la necesidad de hacer algo con relación a lo interno. Decía que las intentonas separatistas tienen en el fondo razón. Y la principal consiste en que los gobiernos nacionales (para nosotros la Federación) ya no pueden responder por sí solos adecuadamente los retos políticos actuales. Si no, véase que prácticamente todos los países tienen tensiones parecidas. Y México no puede ser la excepción. Nuestro federalismo a la mexicana —que es más bien un centralismo exacerbado disfrazado—, también las tiene, aunque de forma más discreta.

Pero para que nosotros comencemos con este ineludible proceso (que implica acercarnos cada vez más y con sus asegunes al vetusto modelo de ciudades estado) requerimos en primer lugar convertir nuestro federalismo disfrazado en uno de a de veras. Y se podrán organizar mil foros, conferencias, discursos y gastar millones de litros de tinta y de pesos en propaganda, pero la realidad es que sólo se verá un avance cuando los estados de la Federación y los municipios tengan a su cargo de manera conjunta la administración de alguno de los dos impuestos más relevantes: el IVA o el Impuesto Sobre la Renta acompañada de mayores facultades que ahora detenta la Federación. Por su naturaleza el más indicado sería el Impuesto Sobre la Renta de tal suerte que la federación se quede prácticamente con la administración de los impuestos indirectos y lo relativo al comercio exterior y aduanas tal como ocurre en muchos países desarrollados.

De esta manera se daría de entrada un “certificado de mayoría de edad” a las entidades de la República así como generar una competencia real por atraer inversiones y por lo tanto una mejora en los servicios públicos de los estados y municipios. Una vez ahí ya se podrá pensar en cómo mudar la política y la ley hacia la realidad: Ciudades polo y sus regiones de influencia como el epicentro político nacional.
 

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