Jueves, 16 de Octubre 2025

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Síndrome Down: cúmulo de virtudes

Por: José Luis Cuellar de Dios

Síndrome Down: cúmulo de virtudes

Síndrome Down: cúmulo de virtudes

Para Ricardo Limón y Ernesto Vidaurri

Este mundo sería peor, espiritualmente hablando, sin la presencia de las personas con Síndrome Down; son una fuerza del bien en este confuso, complicado, pero maravilloso planeta. Pues bien, de un tiempo acá, el día 20 de marzo (ayer), se celebra el “Día Mundial del Síndrome Down”, celebración que si bien no significa la aplicación de la justicia hacia ese colectivo, sí es un paso importante para su reconocimiento e inclusión. La cercanía con estas distinguidas y cálidas personas nos permiten comprobar que arribaron a la tierra con genes cargados de humildad, paciencia, simpatía y generosidad.

Es justo reconocer que de tres o cuatro décadas a la fecha, los avances en el reconocimiento y atención hacia las personas con S.D. han sido notorios e importantes, avances que se han dado desde ambos sectores: privado y público. Por lo anterior, resulta de mayor importancia que la celebración del día de las personas con S.D. se haga, año tras año, bajo el signo del compromiso; compromiso asumido por quienes trabajan en la rehabilitación, enseñanza y cuidado de estas benditas personas. Atenderlos ha sido, y será un verdadero ejercicio de humildad, ejercicio que lleva implícito dos postulados básicos: ni discriminación ni exclusión.

Conceptualmente hablando, los avances deben ser reconocidos y ese reconocimiento va dirigido, sobre todo, a todas aquellas personas que con su entrega, pasión y abnegación han logrado que se les mire como seres de acción y no de contemplación; celebrar un día destinado a las personas con S.D. es prometer no volver a ese pasado lleno de indignidades de las que han sido víctimas históricas; ha llegado la hora de tratarlos con fervor, lealtad y admiración.

El mayor de sus anhelos, y de todos los que los rodean, es que el respeto y el apoyo, permanente y sincero, se convierta en una virtud social; cotidianamente nos han comprobado que son seres que combaten hasta las batallas perdidas. Además, sobra decir y nunca debemos olvidar, que en tanto personas, merecen respeto como tales, es un don supremo y derecho inalienable.

Los trabajos, esfuerzos y proyectos que se hagan a su alrededor deben estar encaminados, fundamentalmente, a borrar de su lenguaje dos palabras que los lastiman profundamente: discriminación y abandono. Ha sido largo y doloroso el rastro de soledad que han venido dejando desde su presencia en este mundo; si bien, en ocasiones resulta afortunado que los seres humanos olvidemos el pasado, esta condición no significa que todas las crueldades que han sufrido no hayan existido.

Ser persona con S.D. no entraña una diferencia amenazante para los demás, por el contrario, al contacto con ellos se irradia una energía incomparable que estimula la espiritualidad. Felicidades a todas las personas con S.D. Amén de los amenes.

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