Martes, 26 de Octubre 2021

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¡Silencio, estamos de luto!

Por: El Informador

Por Xavier Toscano G. de Quevedo

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Nuestro enigmático Espectáculo Taurino es un acontecimiento que lleva implícito un fondo de dramatismo y muerte. En esta celebración encontramos dos opositores, a su majestad el Toro Bravo y a un lidiador llamado torero, cada uno preparado con sus armas; el toro con sus cualidades que le ha otorgado la naturaleza, que son su carácter de acometividad y sus astifinas astas —armas letales— y el torero con su inteligencia reflejada en el oficio para lidiarlo, y sus implementos —capote, muleta y estoque— que constituyen un difícil equilibrio, pero que son los elementos con los que se crea este incomparable arte.       

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Este complejo dilema son los elementos de una celebración solemne, nacida de la casualidad —el encuentro fortuito con el toro bravo hace más de nueve siglos— y el ingenio de los caballeros de esa época, que a través de los tiempos se convertiría en un hecho social, que no únicamente fue adoptado en sus inicios, finalmente se adaptó a una sociedad que continua con “vigencia” hasta nuestros días.

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El Espectáculo Taurino es un hecho cultural, como lo han definido muchos intelectuales, poetas y filósofos  a través de su historia, como Federico García Lorca, Ortega y Gasset, Mario Vargas Llosa y muchos más. Sin la fiesta brava sería muy difícil comprender el desarrollo de muchas sociedades, iniciando por sus creadores el pueblo español, continuada y perpetuada por las naciones de nuestro continente en donde sus sociedades igualmente se “adaptaron y la adoptaron” como parte de su legado cultural.     

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Así, la realidad de nuestra fiesta —vilmente criticada por personas manipulas, y sin el más mínimo conocimiento de su esencia, pero que no se miden para insultar y agredir — en donde el componente cardinal queda implícito en el riego de la muerte, fundamento serio y muy radical que prevalece, pero que se convierte a algo profundo y de incalculable respeto que le es consustancial, que deriva en la posibilidad de que un toro pueda herir o también privar de la vida a un torero.

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Todo esto, no debe transportar a una reflexión rigurosa y formal sobre el hecho de igual forma un hombre, nombrado torero, al asumir ésta profesión acepta la posibilidad de morir. Es éste un predicamento muy serio, grave e importante que le da un valor inmenso e incalculable a nuestro sublime Espectáculo Taurino.

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¡Estamos de luto! Una vez más nos falta un torero, se llama Víctor Barrio, y falleció la tarde del pasado sábado a causa de una impresionante cornada en el pecho que le infirió el tercer toro de la tarde; se llamó “Lorenzo” marcado con el No. 26 de 529 kilos y pertenecía a la dehesa de Los Maños, era de pelaje negro. ¡La corrida se ha suspendido, así lo dictaminó el director de lidia Curro Díaz!   

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¡Silencio, hoy estamos de luto, un hombre se ha jugado la vida en la Plaza de Teruel! UN TORERO una vez más ha entregado su vida a la fiesta, asumiendo un riesgo que él escogió libremente, con la ilusión —como tantos a través de los siglos— de llegar a ser una figura importante, y de alcanzar la gloria en este enigmático espectáculo que nace de la presencia  de su Majestad, el Toro Bravo.

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