Martes, 18 de Mayo 2021

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Siete punto cuatro

Por: Juan Palomar

Siete punto cuatro

Siete punto cuatro

¿Es mucho o es poco? Los resultados de la reciente encuesta del observatorio “Jalisco Cómo Vamos” abonan mucho a la reflexión. Como expresión numérica, el dato está allí: una muestra representativa de los habitantes de Guadalajara piensa que su calidad de vida es satisfactoria en 74%. En lo que tiene que ver con el ámbito público, las expectativas son más bien a la baja: 54% de la gente piensa que el rumbo de la ciudad va en decadencia; 71% considera que la infraestructura urbana está igual o peor que antes. Sin embargo, sacando todas las cuentas, los encuestados opinan que Guadalajara está mucho mejor (12%) y algo mejor (50%) que el resto del país. Nunca han pensado (58%) o pocas veces (21%) en irse a vivir fuera de la ciudad. Y así, 46% de la muestra se considera muy feliz y 44% algo feliz. ¿Cómo explicar esta disparidad entre el contexto común, percibido como en franco retroceso, y el devenir particular, evidentemente satisfecho? Un indicador podría ser clave: a 20% de la gente la política le interesa cero y a 61% le importa cinco sobre diez o menos. Uno de cada cinco ciudadanos se declara absolutamente al margen de la gestión de los asuntos comunes y a más de la mitad el tema le queda lejos. Por el otro lado, en el ámbito personal, 81% piensa que la ciudad le es propicia para ser feliz, 47% cree que el año que viene le va a ir mejor y 36% cree que le va a ir por lo menos igual que ahora. La gente reconoce graves carencias en la calidad de vida general, sin embargo se declara contenta en lo particular. Y, además, 77% está orgullosa de vivir en Guadalajara. Pareciera claro que una tarea pendiente, y urgente, es reconciliar el manejo y el rumbo de los asuntos comunes de la ciudad, percibidos como lejanos, deficientes y a la baja, con la aceptable condición de la calidad de vida personal. Asumir, como comunidad, que el bienestar colectivo gravita indefectiblemente sobre el destino particular. Incorporar a la mentalidad de cada habitante la responsabilidad que a cada quien cabe en la conducción y el funcionamiento cotidiano de la ciudad. Así se podría superar la dicotomía de aceptar estar mal como ciudad, pero bien en lo individual, que conduce irremediablemente al demérito de la calidad de vida general. Es como tomar el Sol sobre la cubierta mientras el barco naufraga. El muy valioso capital social que representa el arraigo a la ciudad, y aún el orgullo de ella, debe ser puesto al servicio de un proyecto común que sitúe a la ciudad deseable —de la que también la encuesta precisa pistas— en el imaginario colectivo. Un proyecto de ciudad que sea capaz de trasladar el orgullo personal, el arraigo a la urbe, el relativo optimismo con el que se percibe la vida personal, a la construcción de un contexto comunitario más justo, tolerante y satisfactorio. El 7.4 es una nota reveladora, aún con los asegunes metodológicos que se le pongan. Habría que seguir reflexionando sobre las implicaciones, y sobre todo las alternativas, que propone el reconocimiento de nuestra realidad de la encuesta de “Jalisco Cómo Vamos”. Es una valiosa herramienta para la discusión común.