Jueves, 06 de Mayo 2021

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Romeros somos

Por: Diego Petersen

Romeros somos

Romeros somos

Hace muchos años, cuando Guadalajara era una ciudad de mucho menos de un millón de habitantes, y Zapopan y San Pedro, Tlaquepaque, unas pequeñas villas cercanas a la ciudad, había una clara diferencia entre tapatíos y zapopanos; eran dos comunidades distintas, con identidades y costumbres distintas. Distinguirlos era relativamente fácil. Si el susodicho ciudadano se refería a la romería como “la llevada de la Virgen”, era tapatío; si decía “la traída de la Virgen” era zapopano.

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Mucho antes de que la continuidad urbana y la problemática uniera a los dos municipios, “la chaparrita” ya lo había hecho. Zapopan y Guadalajara fueron uno mismo desde el momento en que a alguien se le ocurrió que, para proteger al caserío de Guadalajara de los rayos y tormentas que la azotaban de forma inclemente durante el verano, había que recurrir a la virgen que reinaba ya en la vecina villa de Zapopan. La Virgen peregrinaba de parroquia en parroquia de San Antonio (13 de junio) a San Francisco (4 de octubre) para proteger a la ciudad que, de paso, aprovechaba para armar una fiesta en cada barrio con pozole, tamales, enchiladas, castillo y toritos.

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La historia de la Virgen y su protección a la ciudad es hermosa, pero eso es lo de menos. Es lo de menos no porque no tenga importancia, sino porque lo realmente destacable es que, en pleno siglo XXI, en medio de un mundo cada día más secularizado, exista una devoción como la de la Virgen de Zapopan. Me da igual si son millón y medio, dos millones o ciento cincuenta mil los romeros (como toda iglesia que se respete, en la católica mentir sobre el número de fieles tampoco es pecado) lo que sucede cada 12 de octubre en las calles de la ciudad durante la llevada de la Virgen (yo soy tapatío) no tiene comparación con ninguna otra manifestación política, social o religiosa. Esa es nuestra fiesta, esa es la fiesta de Guadalajara, de la Guadalajara metropolitana, independientemente de que creamos o no creamos en la Virgen o en la doctrina de la iglesia católica.

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La romería de la Virgen de Zapopan es una de las pocas anclas que nos quedan con la Guadalajara del pasado, con la ciudad que fuimos. Cada día 12 de octubre los tapatíos romeros somos y nos reconocemos en las calles, unos, muchos, como católicos, pero todos como hijos de esta tierra donde el llueve a cántaros (y de lado, dicen los chilangos) y los rayos retumban en la barranca de oblatos prolongando su trueno, y su espanto, como en ninguna otra ciudad.