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Martes, 15 de Octubre 2019
Ideas |

Rey de reyes

Por: Alejandro Maciel

Si es que había algo que le quedaba por demostrar al nativo de Basilea, después de lo conseguido el pasado domingo en la Rod Laver Arena de Melbourne, ante su máximo rival y a sus 35 años, parece que ha quedado sepultado…

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Así es señores, “Su Majestad” Roger Federer ha conquistado el Abierto de Australia por quinta vez, quizá cuando menos lo esperaba, y casi cinco años después de su última victoria en un Grand Slam, y además de eso, ¡después de seis meses sin competir en el circuito!

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Si alguien realmente esperaba que ese fuera el desenlace de este campeonato, habrá pensado con el corazón más que con una lógica deportiva, pero si algo nos ha dejado claro el suizo a lo largo de su brillante carrera, es que para él no hay muchos límites jugando al tenis, y nos ha vuelto a sorprender gratamente a varios.

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Y para engrandecer esta hazaña, pues no podía haber un mejor contrincante que un Rafa Nadal recuperado e inspirado, y que incluso había sorprendido más que Federer al llegar a la Final, después de casi tres años sin siquiera disputar una Semifinal de Grand Slam.

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La garra y mentalidad del español no hicieron más que inmortalizar este épico partido de dos leyendas vivientes, que parecían tener contados sus días dentro de la élite de la ATP, pero como si hubiera sido escrito para un guión de película, los dioses del tenis tenían destinada una Final más para ellos, que lamentablemente uno tenía que perder.

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Así pues, Roger llegó a 18 conquistas de Grand Slam, y en su partido número 100 en Melbourne (primero en lograrlo), se convierte en el segundo jugador más longevo en ganar un torneo grande, sólo detrás de los 37 años de Ken Rosewall en 1972.

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Ahora vendrá de nuevo la gran incógnita que todo gran deportista tiene que hacerse en algún punto: ¿Es momento de retirarse como campeón y con toda la gloria, o seguir después de semejante inyección de motivación?  

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La verdad es que sólo él puede saberlo y decidirlo, pero lo que es un hecho es que quien haya visto el partido, sabe perfectamente de lo que estamos hablando, y poco hay que añadir para describir la grandeza y el legado del tenista más grande de nuestros tiempos. ¡Que viva el Rey!

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