Martes, 26 de Octubre 2021

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Religión no; religiones sí

Por: Diego Petersen

Religión no; religiones sí

Religión no; religiones sí

En la agenda de la Iglesia Católica están las clases de religión en las escuelas públicas. Las tiene en la mira y las ha venido trabajando poco a poco, sin prisas, como lo hace siempre esta institución que se sabe milenaria y que los tiempos de la política no son los suyos. Así lograron las relaciones Iglesia-Estado en 1992, tras 12 años de picar piedra, tocar puertas y generar condiciones para que esto se diera. La agenda de la educación religiosa en las escuelas públicas ya no es una agenda oculta. Está abierta, la plantean con absoluta claridad. El problema es que los políticos mexicanos y la sociedad no hemos abordado el tema con la seriedad que requiere.

Habemos muchos en este país que creemos que parte fundamental del Estado laico es que la religión esté fuera de las escuelas, no porque las religiones sean dañinas para los niños, sino porque la enseñanza religiosa debe ser una opción de los padres y sólo de los padres. Pretender que la religión se puede enseñar en las escuelas públicas implica, primero, que deberá haber escuelas en función del credo que se practique, lo cual es simplemente impráctico, o que en cada escuela se ofrezca una clase de religión de acuerdo con el credo de cada niño. No ofrecer todos los credos que se practiquen en una escuela sería discriminación. Además, eso supondría que todos los padres católicos piensan igual, y nada más falso. La diversidad al interior de la Iglesia Católica es su mayor riqueza y al mismo tiempo su mayor complejidad.

Cuando Francia, el Estado laico por excelencia en el mundo, se enfrentó al tema de las manifestaciones religiosas al interior de las escuelas (el tema reventó por el uso o no de la burka musulmana entre las niñas), se creó una comisión senatorial, compuesta por diputados, senadores y expertos en el tema, que diera luz sobre un asunto que crecía por momentos. La conclusión del informe Stassi, llamado así por el senador que presidía la comisión, fue que el Estado laico es hoy más vigente que nunca. En un contexto de diversidad religiosa como el que vive Francia (y por supuesto también México), la laicidad del Estado es la única garantía del derecho de creencia. Sobre el tema específico de dar clases de religión en las escuelas, el informe concluyó que, si bien era una demanda que se planteaba con fuerza desde los sectores más conservadores, la enseñanza religiosa de un credo en específico debía reservarse al espacio familiar, que es donde debe decidirse no sólo qué religión, sino cómo quiere practicarse.

Lo que sí recomendaba el informe Stassi, y tiene todo el sentido del mundo, es la enseñanza de las religiones. La mejor manera de aprender a respetar las creencias de unos y otros es conociéndolas y entendiéndolas. México es y seguirá siendo un país predominantemente católico, pero cada día es y será más diverso.

No hay, pues, que enseñar religión: hay que enseñar religiones, en amplio plural, y para eso no se requiere reformar la Constitución, sino el programa de estudios.