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Domingo, 20 de Enero 2019

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Regreso sin regalías

Por: El Informador

Por Xavier Toscano G. De Quevedo

Todo lo que inicia, tarde que temprano tendrá que concluir, éste es un código de vida que no otorga concesiones para nadie, y mucho menos para cualquier actividad que desarrollemos. Así, cumpliéndose ésta sentencia, una vez más ha llegado a su fin la temporada de toros 2014 en la Península ibérica y el país Galo, en una campaña no muy satisfactoria para los aficionados españoles, que han sido testigos de una crisis no sólo en lo económico sino también en lo moral, que cercando al espectáculo taurino lo ha mermado significativamente en el número de sus festejos, y si a esto le añadimos además la insustancialidad en la mayoría de ellos por la falta de casta en muchos de los toros que se lidiaron… ¡Será un año para reflexionar!

El tema de meditación para este fin de temporada sería: ¿Qué significado encuentra el toreo sin la emoción del auténtico toro bravo?, problemática que se convirtió en desanimo de muchísimos aficionados, y ésta pregunta tendrán que aclarársela los promotores y protagonistas de la fiesta durante el próximo invierno, porque la disminución de festejos fue indicadora de una difícil situación que conjuntamente repercutiendo en las exiguas oportunidades para muchos toreros, la poca asistencia de público en los tendidos fue más notoria durante la temporada, los triunfos verdaderamente  importante y trascedentes —obviamente sin toros bravos— se vieron a cuenta gotas, y esto si es una realidad. Y así, las ferias y sus festejos, con sus anécdotas de triunfos y fracasos, donde también se vivieron sucesos trágicos, que gracias a Dios ya superados, forman hoy parte de la historia.

Ahora, es importante detenernos a recordar los hechos que protagonizaron los toreros nacionales durante sus campañas, aclarando que éstos, ya escritos, son hechos y circunstancias que nadie podrá cambiar, porque resistirse a la realidad o pretender maquillar lo evidente —que es el sello que distingue a las lacras e infaustos taurinos— es precisamente lo que ha llevado en la últimas décadas a frenar y nulificar cualquier posible avance en la fiesta de nuestro México. Y es obvio que me estoy refiriendo a la escasísima cosecha que durante éste año lograron los toreros mexicanos en sus incursiones en plazas europeas. Aunque una vez más, y al igual que en los últimos años, los adivinos y agoreros del triunfalismo ensayaban con eufórica algarabía, pronosticando que sería un año pletórico de triunfos de los toreros mexicanos en España, pero ¿qué paso? mal asunto para ellos, porque de nueva cuenta no les resultaron sus ilusas e imaginativas fabulas, ahí están ya los hechos ¿cómo van a cambiarlos? A si, con su dichito inadmisible y trillado: “tuvieron actuaciones muy dignas”.

Como cada año, la temporada española inicia con la Feria de La Magdalena en Castellón de la Plana en el mes de marzo, en la cual una vez más no se anunció a ninguno de los nacionales. Continuando después Valencia con sus tradicionales fallas y ahí se programó a Joselito Adame, con un resultado nada halagüeño porque el torero hidrocálido estaba más preocupado por regresar a nuestro país que realizar un buen papel, dando como resultado que el empresario Simón Casas ya no lo tomara en cuenta para sus demás plazas.

Y llegamos a La Feria de Abril en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, en la que se anunciaron a Joselito Adame, Diego Silveti y Arturo Saldívar, únicamente Joselito realizo una faena importante cortando una oreja, que le valió para ser anunciado en la Feria de San Miguel, que lamentablemente por su percance de Logroño ya no pudo cumplir.  

En el mes de mayo la empresa Taurodelta anunciaba los carteles de San Isidro, ¡pero en este año ya no había tanta euforia! Los lugares para los toreros nacionales estaban extinguidos, únicamente encontraron lugar Joselito Adame —tres tardes— por entrar en una substitución y Silveti solamente en un cartel, y para Arturo Saldívar la tarde en la corrida Goyesca. El saldo: nada favorable para ninguno de los tres, y ya no serían tomados en cuenta en los demás festejos de la temporada en la plaza de Las Ventas.

En Pamplona con su tradicional Feria de San Fermín la historia se repetía de nuevo, y no aparecieron los nombres de ninguno de los toreros mexicanos, no hubo interés de los empresarios de La Casa de La Misericordia para tomarlos en cuenta. Y así fue transcurriendo la temporada en España y Francia, con algunas comparecencias en plazas de segunda y tercera categoría, a las que los empresarios de las plazas importantes no les conceden ninguna trascendencia, o mejor sea dicho ni se enteran de lo que en ellas sucede.

Esta es la realidad, de nuestros toreros nacionales, y aunque muchos continúan empeñados en crear momentáneas fantasías de triunfos trascendentes y logros inusitados, la realidad es que cuando regresan a nuestro país, reanudan el caminito de nuestra fiesta decadente e insubstancial, de la cual los aficionados y el público ya están muy cansados.

Nuestro país y sus aficionados demandan con urgencia un cambio radical hacia la verdadera fiesta, la realización de un espectáculo taurino digno y con categoría, otorgando el sitio de privilegio al auténtico toro, con edad, integridad y “bravura”. Y no obstante que a los actuales protagonistas —empresas, toreros y ciertos ganaderos— les cueste trabajo aceptar, por su soberbia, altanería y suficiencia, que éste mágico mundo que es la fiesta brava, nació, vive y vivirá, únicamente si está presente en los ruedos su Majestad El Toro Bravo.

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