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¿Qué se pretende?

¿Qué se pretende?

¿Qué se pretende?

El tema de la cantidad de jugadores no nacidos en México sigue siendo un asunto que es materia de un cúmulo de comentarios, opiniones y puntos de vista desde diversos ángulos. La polémica y los debates en los que las argumentaciones se defienden con vehemencia, han sido abastecidos abundantemente con declaraciones, dándole al tema una amplia caja de resonancia.

En la semana Daniel Ludueña (mexicano por naturalización) alborotó a una ya de por sí ruidosa gallera. El tema estaba sobre la mesa desde antes del inicio de este torneo, pero el tema es añejo, la diferencia es que los directivos le hacían oídos sordos.

Los dichos del “Hachita” y la respuesta que a ellos dieron algunos que se “pusieron el saco” no fueron sino una acción y una reacción de la parte superficial del asunto.

Algunas opiniones aparentan señalar a extranjeros y naturalizados como un factor dañino para el futbol mexicano, sin establecer convincentemente cuál es el daño que causan. ¿Qué tiene de malo o de bueno el tener un mayor o un menor número de jugadores foráneos en los clubes de la Liga MX?

“El que es perico donde quiera es verde”  y al final la calidad se impone, son frases con las que perfectamente se le podría poner el punto final a cualquier comentario al respecto.

El origen y final son los dueños de los equipos con la complicidad de la siempre dócil FMF, la cultura directiva es otra más de las carencias del futbol mexicano. Son los de “pantalón largo” los que hacen el reglamento, los que autorizaron el aumento de la cantidad de extranjeros por equipo, son quienes los contratan, son los que abrieron los candados provocando una oleada de naturalizaciones.

Esa es otra pregunta que de todo esto surge ¿Por qué de pronto muchos jugadores optaron por la nacionalidad mexicana? Siendo que varios ni siquiera eran elegibles para la Selección mexicana.

No todos los equipos tienen el mismo presupuesto ni no los mismos objetivos. Si hoy por hoy los Dorados para garantizar su salvación tuvieran que recurrir a armar su plantel sin jugadores nacidos aquí o producto de sus fuerzas básicas, seguramente lo harían.

Chivas con su tradición mexicanista es uno de los equipos más ganadores de títulos y siempre busca ser protagonista.

Lo primero que se debería definir es qué pretende el futbol mexicano, qué se quiere hacer: ¿Tener una Liga de primer nivel, ser un futbol exportador de jugadores que permita un mayor desarrollo del futbolista surgido de las fuerzas básicas de los clubes y desemboque en el incremento de la calidad de las selecciones nacionales?  

Una vez que se defina el objetivo se debe crear la estructura para trabajar en la búsqueda de la meta establecida, con un reglamento adecuado para que coadyuve con lo que se pretende.

El futbol mexicano no se ha caracterizado por tener una identidad propia, ha pretendido emular a la Liga argentina o a la Premier League de Inglaterra o aspirar a replicar el modelo de trabajo de España con su selección. Esas intenciones al mezclarse con las prácticas, usos y costumbres tan “peculiares” de nuestro balompié se han quedado en una simple buena intención.

No tardarán en establecer un nuevo reglamento en el que se reduzca el número de extranjeros. ¿Y luego cuál será la siguiente plana que tendrán que enmendar?

En lo que se debe tener mucho cuidado es en evitar que el tema llegue a una polarización tal que termine en una confrontación que podría incitar a la violencia.

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