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Martes, 21 de Noviembre 2017

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Por un hijo, hacemos lo que sea

Por un hijo, hacemos lo que sea

Por un hijo, hacemos lo que sea

Veamos también que un hijo adicto, se convierte en un gran reto para los padres, la familia y la sociedad. Pues nos confronta con lo que estamos haciendo, con lo que hemos hecho y sobre todo con lo que vamos a hacer por ellos.

Necesitamos cuestionarnos más el estilo de vida que estamos llevando a cabo, y reflexionar sobre las actitudes y conductas que tenemos para con nuestros hijos.

¿Qué está sucediendo en nuestros tiempos, como para que existan tantas adicciones?

Ya con preguntarnos y tratar de darnos una respuesta, estamos avanzando.

Pues quizá uno de los graves problemas de nuestros días es que abandonamos y descuidamos la atención que requieren nuestros hijos. Simplemente se la hemos dejado a la escuela y al vaivén de la vida diaria, pero no estamos asumiendo el papel de responsabilidad que nos toca directamente con ellos.

Ciertamente hay muchas preguntas por hacer y también hay una gran diversidad de respuestas. Pero al menos se trata de que cada uno de nosotros, como padres de familia y como hijos,  nos preguntemos ¿qué vamos hacer frente al grave problema de nuestra época...las adicciones?

Al menos yo me he respondido que la confianza, el amor y la entrega a los hijos es una manera de prevenir, y en su momento hasta de sanar las adicciones.

Estoy convencido de que la inteligencia afectiva es un recurso indispensable para desarrollar relaciones más cariñosas, tiernas y cercanas.

Que el buen manejo emocional comienza dominando, suavemente y con gran capacidad, las emociones más negativas, como la rabia, la frustración, el enojo y la tentación de gritar, castigar y lastimar a nuestros hijos porque nos han desobedecido o se han portado mal.

En el fondo los adictos sienten un vacío, una sensación de abandono y tristeza, necesitan de algún estimulo especial para sentir la alegría por el buen vivir, requieren de muletas y apoyos externos, para regocijarse con las cosas más simples y sencillas que la vida misma ya tiene gratuitamente.

Así que estemos dispuestos ha hacer lo que sea para rescatar el amor en la relación familiar, en la capacidad de convivir y escuchar a los hijos, sin la abrupta necesidad de corregir, regañar y dar instrucciones.

¿Qué estás dispuesto hacer por tus hijos?

 

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