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Viernes, 24 de Noviembre 2017

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Pobreza: cifras amañadas

Pobreza: cifras amañadas

Pobreza: cifras amañadas

Probablemente no haya un indicador más importante para presumir por los gobiernos, que el de reducción de la pobreza. Los resultados más recientes dados a conocer por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) se han convertido en un preciado regalo político-electoral tanto para el gobierno de Enrique Peña Nieto, como para el gobierno de Aristóteles Sandoval.

El Coneval está obligado a presentar cada dos años un informe sobre la población en situación de pobreza en el país. La novedad de este año es que, según el informe de 2016, la pobreza se redujo 2.9 por ciento, lo que representa que 1.9 millones de personas menos en esa situación nacional. Según Coneval, Jalisco fue la entidad que más pobres dejaron de serlo, con casi medio millón de personas saliendo de esta condición.

Como cabría esperar, los datos han sido festejados por el gobierno de Peña Nieto, y más aún por el gobernador de Jalisco, para quien los indicadores le permiten lanzar mensajes propagandísticos en los que sostiene que el “modelo económico” que ha impulsado funciona y por lo tanto hay que continuarlo.

Pero resulta que las cifras dadas a conocer por Coneval son cuestionables y son objeto de una intensa discusión por parte de los expertos en los estudios de pobreza y medición de la misma.

El punto central es que el instrumento de recolección de información utilizado en los pasados 22 años para medir la pobreza, la Encuesta Nacional de Ingresos y Egresos de Hogares (ENIGH) del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) fue modificado en la nueva dirección encabezada por Julio Santaella, según explicación de Julio Boltvinik, uno de los principales estudiosos de la pobreza en México, a quien entrevisté en Radio Universidad de Guadalajara.

De acuerdo con Boltvinik, la ENIGH del Inegi dirigido por Santaella (puesto ahí por José Antonio Meade) salió con un resultado tan absurdo que el Coneval tuvo qué rechazarlo: “Coneval dijo: no Inegi, tus datos son inexactos (…) Con los datos del Inegi (rechazados por Coneval) la pobreza habría caído 15 o 20 por ciento en dos años; en lugar de tener 46 por ciento de pobres, habríamos caído a 35 por ciento y de golpe y porrazo se habrían borrado de la pobreza a diez o quince millones de personas en situación de pobreza”, dijo Boltvinik y con razón dice que eso ocurre en un país que no ha tenido crecimiento económico notable o aumento en los ingresos de la fuerza laboral. Ante la negativa de Coneval de aceptar las cifras del Inegi, se llegó al “acuerdo” de hacer una estimación estadística de la población en pobreza en el país. Pero son cifras cuestionables, sostiene. Lo que ocurrió fue una operación política del PRI-gobierno para maquillar las cifras de la pobreza o, al estilo stalinista, reescribir la historia.

El gobierno ya no es capaz siquiera de medir la pobreza, o en todo caso, no quiere hacerlo para no asustarse de sus números, sostiene Boltvinik. De tal modo que las cifras que pregonan tanto Peña Nieto como Aristóteles Sandoval están amañadas, no son creíbles. Basta mirar en el entorno y en las calles de la ciudad para desconfiar de las cifras oficiales, amañadas por intereses político-electorales.

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