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Sábado, 22 de Septiembre 2018

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Pizano. El PRI. Dilema de políticos

Por: Jorge O. Navarro

Pizano. El PRI. Dilema de políticos

Pizano. El PRI. Dilema de políticos

Cuidadoso de las formas, el secretario del Trabajo y Previsión Social de Jalisco, Héctor Pizano Ramos, solicitó licencia al gobernador Aristóteles Sandoval para dejar el cargo. ¿Por qué? Va a la presidencia del comité estatal del Revolucionario Institucional (PRI). No hace falta ninguna habilidad para predecir (como ya lo adelanté en esta misma columna) que Pizano será el presidente del PRI.

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Lo que seguramente no previó el casi nuevo dirigente priista fue la reacción de uno de los otros aspirantes, Leobardo Alcalá Padilla, ex diputado, ex regidor y ex presidente de los Hospitales Civiles de Guadalajara.

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El primo del licenciado Raúl Padilla López (sí, el licenciado con negritas) anunció que no se registraba para competir por la presidencia debido a las pruebas que tenía: “dedazo, cargada (...), descarada y abierta”.

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Pareciera una broma de mal gusto. Un priista ligado al Grupo Universidad denunciando dedazo —esa tradición tan tricolor— pero sobre todo, añadiendo el adjetivo del descaro.

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Declaraciones más o declaraciones menos, Héctor Pizano acudió al registro como único candidato para presidir al partido y ahí estuvo, para levantarle la mano, el senador Arturo Zamora Jiménez, sin duda el priista con mayor rango en Jalisco... sólo después del gobernador Aristóteles Sandoval. ¿Quédan dudas? Ninguna. Pizano será el nuevo dirigente tricolor y sustituirá a José Socorro Velázquez, el “Coco”.

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Es curioso. Singular.

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En el PRI (en Jalisco y en cualquier lugar del país), las usanzas son las mismas: verticalidad en las decisiones; beneficio exclusivo para quienes logran entrar en el selecto círculo de los encumbrados; negociación elitista; desdén de las bases. Es el PRI. Sin juicios, sin valoración. Es el partidazo.

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Naturalmente, no es lo mismo aunque sea igual.

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El método opera en Jalisco para determinar al dirigente del partido, lo mismo que opera en el Estado de México para determinar al candidato a la gubernatura.

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Nótese algunos paralelismos: mientras Alcalá Padilla denuncia cargada en favor de Héctor Pizano, el presidente nacional priista, Enrique Ochoa, se lanza enérgicamente en una cruzada electoral en la que anuncia que el PRI ganará las elecciones de este año en el Estado de México, Coahuila, Nayarit, Veracruz... y en el 2018 la presidencia del país.

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Los dos presentan sus discursos con la misma convicción sorda. No escuchan la crítica. No atienden comparaciones. No esperan respuestas (no las admiten).

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El mismo Héctor Pizano —volvamos al principio de estas líneas— afirmó que pretende dirigir al partido para armar la estrategia electoral del año 2018. El reto no es minúsculo. Se enfrentan a Enrique Alfaro Ramírez, presidente municipal de Guadalajara, líder político de Movimiento Ciudadano y aspirante con ventajas aparentemente irreversibles en todas las encuestas de opinión.

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Pero competirá con él y no lo hará sólo desde la dirigencia del partido.

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¿Querrá ser el mismo Pizano candidato a gobernador o a alcalde? “No me borres de la lista”, es su respuesta.

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Lo quiere todo y no lo oculta. Es natural. En la contienda política no es posible sobrevivir sin aspirar. El político que deja de buscar, se hunde.

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Pero existen más opciones. La democracia señala como metas, entre otras, el desarrollo social, el beneficio de las personas: de él y de ella, en lo individual y en lo familiar. En su casa. En su comunidad.

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Los políticos: Ochoa, Pizano, Zamora. Alfaro. Todos. Olvidaron eso. Dirigirá el partido. Serán candidatos.

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No representarán al pueblo.

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