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Martes, 16 de Octubre 2018

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¿Otro “espurio”...?

Por: Jaime García Elías

¿Otro “espurio”...?

¿Otro “espurio”...?

(A manera de preámbulo: una sincera condolencia al gobernador Emilio González Márquez por el lamentable fallecimiento, ayer, de su hermano César. Que la vida contraponga a dos seres humanos, uno jugando tan honestamente como su conciencia y su experiencia le aconsejan con las blancas, otro haciendo lo propio con las negras, no necesariamente los enemista. Él lo sabe...).

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Hace tres semanas —¿quién lo recuerda, a estas alturas de la pelícu-la?—, la tónica en la aldea era la euforia por “La (ya tradicional) Fiesta de la Democracia”. Ayer, las manifestaciones “multitudinarias”, en rechazo a “la imposición”... Así de volanderas son las cosas de la vida. Así de rotundas, categóricas y definitivas son las verdades de la política en este país, surrealista donde los haya.

Para los especialistas en ver vasos medio llenos por doquier, la democracia mexicana es “perfectible”; para quienes prefieren verlos medio vacíos, la política mexicana, toda ella, es un asco. Unos y otros, empero, coinciden en que las elecciones, a despecho de los progresos observados en los últimos años, son susceptibles a la contaminación; en que la ignorancia y la pobreza —casi indisolublemente hermanadas—, más difundidas de lo que se quisiera, generan un caldo de cultivo propicio para la compra del voto; para una de las más penosas modalidades de la prostitución, en una palabra.

Una manifestación en la Ciudad de México, a la que acuden 25 mil personas —según cifras de los propios organizadores—, de manera libre y espontánea, es absolutamente respetable, como lo son las que reunieron a contingentes de dos, cinco u ocho mil ciudadanos en otras ciudades del país. Otra cosa, en cambio, es pretender que hayan sido, una y otras, expresiones representativas de la “vox pópuli”.

Admitir, pues, la posibilidad de que hubiera oportunistas que tuvieron el dinero necesario y la astucia suficiente para no enseñar la cola, y encontraron el resquicio adecuado para comprar los votos de quienes no tienen empacho en prostituir su conciencia por un taco de frijoles —ya ni siquiera por el proverbial plato de lentejas—, es una cosa. Suponer, por extensión, que no hubo mayoría de votos honestos, entre los 30 millones que se decantaron a favor del candidato o del partido que obtuvo la mayoría, otra muy diferente.

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Aun entre las malas palabras, hay castas. Las hay brutalmente soeces. Las hay rimbombantes. Ejemplo de estas últimas, “espurio” (“bastardo —explica el diccionario—; falso; adulterado”). En México ya se vivió, hace seis años, la farsa de un “presidente —así, con minúscula— legítimo”, y un “espurio”. ¿Qué caso tiene representar de nuevo el mismo sainete...?
 

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