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Miércoles, 17 de Enero 2018
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Obras

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En el centro histórico de Guadalajara se llevan a cabo las obras correspondientes a la construcción de la tercera línea del tren eléctrico urbano, que representan en varios órdenes una intervención de gran magnitud.

Es inevitable que en operaciones de este calado no existan daños colaterales, y al respecto, los reportes de fincas dañadas por el paso de la maquinaria se suceden con mayor frecuencia. En estos momentos, los trabajos alcanzan la zona que ocupa la Catedral, edificio que que ha sido protegido con diversas técnicas a fin de evitarle daños estructurales. No obstante, tal preocupación parece no haberse extendido a una pieza destacada del patrimonio cultural de la ciudad que se encuentra en su interior, el órgano tubular construido por la casa francesa Merklin, que precisamente este mes cumple 124 años de haber sido estrenado.

El instrumento —como es bien sabido— se encuentra colocado sobre una tribuna de madera que le eleva sobre la puerta principal, misma que se estremece particularmente por la acción de la llamada tuneladora. El maestro Héctor Salcedo, organista titular del recinto confirma que de momento, varios de los tubos fabricados en aleación de estaño y plomo se han ido resintiendo en sus bases por el efecto de las vibraciones, sensibles como son tanto por la ductilidad del material como por el hecho de que su disposición vertical implica que la carga de su peso recaiga sobre su extremo más estrecho. A su vez, algunas piezas de los flautados de madera empiezan a sufrir algunas cuarteaduras.

Ante esto habrá que esperar a que las obras concluyan en el referido punto para conocer cuales elementos del delicado instrumento deberán ser reparados o restaurados, situación que la Arquidiócesis de Guadalajara debería estar ponderando y gestionando quizá a manera de indemnización ante las autoridades correspondientes, pues con seguridad, el mantenimiento preventivo y correctivo que se tiene programado de ordinario no será suficiente.

Ignorar estos hechos dañaría grave y silenciosamente al órgano más antiguo que se conserva en la ciudad.

No se debe permitir una vez más que en aras del progreso se dañe el patrimonio local, y en Guadalajara debería tenerse esto como una lección bien aprendida. Basta con remitirse a la transformación radical infligida al mismo Centro Histórico para abrir paso a los automóviles, y cuya utilidad parece ser que no llegará ni a los 70 años, dado que ya existen planes para la peatonalización de la Avenida Alcalde. Eso sí, los lamentos por el patrimonio perdido le sobrevivirán.

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