Martes, 02 de Junio 2020
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Novillada para triunfo; un ganador discutido

Por: Francisco Baruqui

La tarde invitaba a toros, clara, soleada, sin brizna de viento y con buen ambiente en los tendidos para el festejo novilleril que daba cerrojazo a la temporada chica. Con alterne de triunfadores disputándose el Trofeo “Manuel Capetillo”, que a la postre, no sin discusión, quedó en manos del aquicalidense Diego Emilio, quien tuvo una actuación voluntariosa y tesonera destacando con la capa en gaoneras ceñidas rematadas con rebolera para una faena variada y aguantando al insignificante avacado que abrió plaza, con el que terminó de estocada muy baja y dos golpes de descabello, para con el cuarto de nueva cuenta lucir de capote con navarras tafalleras que le valieron palmas. Su trasteo fue por los dos lados con ambas manos, con pases aislados emborronados por algunos enganchones que deslucieron su toreo. Terminó de entera tendenciosa recibiendo un apéndice sumamente discutido del que ocultó para dar la vuelta al ruedo.

Indiscutiblemente que el más enterado, por su buen oficio, técnica y recursos, fue el sevillano Rafael Serna, quien en dos actuaciones anteriores dejó constancia de su valer torero haciendo abrigar esperanzas de que con el rodaje y estando en la cara de los novillos pueda dar de sí para una carrera taurina promisoria. Al segundo, un novillo de gran clase, fijo, noble y con son, principalmente por el lado izquierdo, por el que metía el morro con claridad y estilo, lució con el percal quitando por tafalleras, para con la sarga plantear una faena que desarrolló primeramente con largas series de ayudados por abajo con la derecha, para descubrir tardíamente el soberbio pitón izquierdo del moro de El Vergel, con el que cuajó naturales templados, mandones y rematados con sendos pases de pecho que le valieron el batir de las palmas. Cuando el vergeleño le pidió la muerte cobró una soberbia estocada entera en sitio que le valió fuerte petición, quedando todo en muy merecida vuelta al ruedo.

Con el quinto una labor más larga que una Cuaresma sin pan, pasándose de faena ante un burel de escasa fuerza con el que poco pudo lucir, para pasar la pena negra matando y recibiendo un aviso del párroco. Buena condición tiene este torero al que habrá que seguirle viendo.

Por cuanto a Leo Valadez, otro novel de la torera tierra de Aguascalientes, con el tercero, un cárdeno, jirón, calcetero y coletero, veleto de cuerna, lanceó a la verónica rematando con media que se le aplaudió. Tras desmontar al varilarguero, mostrando enjundia, llegó a la muleta con condiciones para destacar, mismas que no fueron aprovechadas a nivel por Valadez, quien dejó verse como pegapases, sin estructurar ni desarrollar acorde a lo que el de El Vergel le ofrecía, despenándolo de un golletazo que provocó derrame y con esto sonoros pitos del respetable.

Con el que cerró plaza lo más destacable fue quitando por zapopinas rematadas con el manguerazo de Villalta, que fuerte se le aplaudieron, para con la flámula desarrollar una faena de buen corte, pero falta de intensidad, con pases con las dos manos y por ambos lados pinchando en el primer viaje y cobrando estocada tres cuartos tendida en el segundo, sin doblar el astado dada la defectuosa colocación del acero, y ser despedido con palmas tibias de su actuación.

Debo destacar el juego de los novillos de El Vergel, que con matices, con algunos faltos de fortaleza y otros acometiendo con mejores formas, conformaron un encierro de novillos con adecuada romana y astifinas defensas destacando cinco, repito, con matices, pero sobresaliendo fijeza, donde los dejaban se quedaban y a ellos volvían para embestir de nuevo, prestándose para ligar las series en el último tercio y estando, justo es mencionarlo, los más por encima de los toreros.

Así se cierra el ciclo, con discusión y por debajo de lo que se pudo hacer con ejemplares que pudieron irse varios sin las orejas al desolladero.

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