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Viernes, 23 de Agosto 2019
Ideas |

¿Noticia del año? ¿El principio del fin del pulpo camionero?

Por: Juan Palomar

¿Noticia del año? ¿El principio del fin del pulpo camionero?

¿Noticia del año? ¿El principio del fin del pulpo camionero?

Se podría alegar que el problema número uno de Guadalajara es el de la movilidad. Es el que más lesiona a toda la población. El que más pérdidas económicas y humanas produce, el que nos mantiene ahogados en una permanente nube de contaminación de todos los órdenes, el que genera a diario una generalizada sensación colectiva de desaliento y hartazgo, el que más degrada la calidad de la vida tapatía.

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Increíblemente, esta situación ha sido aceptada por medio siglo por esas gentes que cantan que son “afamados por entrones/por eso traen pantalones”. El último señor que, virilmente y con clara inteligencia, intentó hacerle frente a eso que la lengua popular llama “el pulpo camionero” fue don Jorge Matute Remus, en los ochenta, durante el sexenio de don Enrique Álvarez del Castillo. Entonces, don Jorge fue comisionado para darle una arreglada general al siempre aberrante sistema camionero. Al efecto, de manera impecable y como el excelente ingeniero que era, pensó muy bien su reforma. Y salió con un incuestionable esquema de rutas, cartesiano y ortogonal: nadie tenía que tomar, en corto tiempo, más de dos camiones para llegar a su destino. Las redes de autobuses quedaban claras y ordenadas. Todo muy bien.

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Hasta que don Jorge fue vilmente traicionado por camioneros y autoridades, y en cierta manera, por la gente misma. Bastó que los choferes y sus mafias pulpeñas y corporativas sabotearan dos días la reforma. El gobernador dobló las manos; pero también las doblaron mansamente y vergonzosamente los tapatíos. Reversa general, y siguió la generalizadísima corrupción, la consuetudinaria inepcia, el sonado ridículo de la segunda ciudad de este país.

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Resultado: otras cuatro décadas desastrosas para la ciudad y sus habitantes.

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Ahora, al fin, parecen volver a cambiar las cosas. Esta semana comenzó el establecimiento de lo que se llama “rutas troncales”: la primera de 18, las que, si se logran establecer sin sabotajes, cambiarán para bien y para siempre la manera como cuatro millones y medio de tapatíos nos movemos… y vivimos. El esfuerzo, se sabe, ha sido enorme. Hay que aplaudirlo sin reservas, hay que apoyarlo con todo. Todo.

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Puede ser la noticia del año, de muchos años, si la reforma triunfa. Puede ser el comienzo del verdadero final del dañino, criminal, injusto, inseguro, corrupto, altísimamente perjudicial “pulpo camionero”. Puede ser el comienzo de una nueva y promisoria etapa en la movilidad de Jalisco. Una etapa en la que todos podamos tomar un digno transporte público, y olvidarnos lo más posible del deletéreo coche particular. Una en la que al fin se enlacen lógica y armoniosamente las tres líneas del tren ligero, el Macrobús (actual y futuro), el Sitren, el Peribús, las bicicletas, las calandrias, los taxis, los uber, la marcha a pie…

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No hay que regatear. Habría que acordarnos que también podemos ser como “un caballito cerrero/que no corre por dinero.” O sea, que somos capaces, como tapatíos y jaliscienses, de tener dignidad, arrestos, generosidad, sentido común, sentido del humor, lucidez. Y, para decirlo con el lenguaje popular, que somos capaces de demostrar que aquí, como en los Altos de Jalisco, sí hay güevos.

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