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Jueves, 23 de Noviembre 2017

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Nos encantan los villanos

Nos encantan los villanos

Nos encantan los villanos

A los mexicanos, como a muchos otros pueblos, nos fascinan los villanos, la gente que hace maldades y se sale con la suya, en fin, el mundo de los malhechores que son motivo de series y corridos.

Para unos, el héroe puede ser un villano y para otros al revés. Pero el caso es que igualmente nos atraen. Muchas veces le hacemos más caso al que hace maldades y atropellos, que al que hace grandes obras y beneficios. Quizá porque los villanos se dan más fácil a conocer que los héroes.

Hidalgo frente al virrey, Juárez y Maximiliano, al igual que Porfirio Díaz y Madero; o Villa y Obregón.

Hoy los villanos son Elba Esther, “El Chapo” o Duarte, y lamentablemente tenemos que reconocer que son muy escasos y difíciles de identificar los héroes del momento.

Ya ponen algunos a AMLO como el villano y para otros es el héroe que nos viene a salvar de los males que padecemos.

El gusto popular por los villanos es una morbosa atracción que nos seduce y motiva a ser curiosos y a merodear las fechorías que han realizado para colgarlos en la horca del repudio social.

Del caído hacemos leña, del delincuente hacemos corridos, de la muerte hacemos fiesta. Al villano lo exhibimos y lo hacemos que dé la vuelta al ruedo del ridículo y el escarnio. En un santiamén se hace famoso por sus perversas obras, mientras que el héroe es cuestionado y criticado. Y sólo hasta después de su muerte es reconocido.

Y más aún cuando el villano se hace un Robin Hood, es decir que comete delitos de robo y despojo a los ricos, para dárselos a los pobres, eso crea un sentimiento de cariño y respeto que puede hasta confundir y justificar el acto que realizan.

Y si además se transforman en justicieros y vengadores de los abusos que cometen los tiranos y opresores, se elevan al rango de salvadores y casi divinizados.

En la mente humana, existe la tendencia a polarizar las cosas, o es blanco o negro, o eres bueno o malo. No hay términos medios. Se está con “melón o con sandía”. Eres de derecha o de izquierda, estás con el Gobierno o en contra de él. Y así se pueden enumerar más opuestos que luchan entre sí. Lo interesante del asunto, es que la postura que se toma acaba por formar parte de la identidad y las cosas se verán acorde al lado que uno toma.

Lo que quiere decir, es que a partir de elegir una opción, ya todo se verá según el cristal que se elija. Para unos el villano será héroe y para otros ese mismo será un villano.

Lo importante es que se pueda conocer y aceptar la opción contraria y no aferrarse como si sólo existiera una y satanizar la otra. Pues finalmente no todo es según el cristal con que se mira ni se posee la verdad absoluta. Miremos las dos caras de la moneda.

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