Jueves, 13 de Mayo 2021

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No tiene prisa

Por: Antonio Ortuño

No tiene prisa

No tiene prisa

Para quienes contemplamos sin apasionamientos la decisión de la Academia Sueca de premiar al cantautor Bob Dylan como Nobel de Literatura 2016, estos han sido días de chistes, risas y jolgorio. Entretanto, los apasionados, que en nuestro medio sobran, han vivido un carrusel de emociones, sustos y sinsabores. La polémica que sobrevino al anuncio fue divertida, sí, pero también mostró acusados rasgos de amargura entre quienes defendían la supuesta incongruencia de darle el galardón a un artista que no es, propiamente, un literato convencional, o al menos no uno dedicado a escribir y publicar libros. Y porque, en el bando contrario, quienes festejaron el premio a Dylan se entregaron en un primer momento a la euforia y especularon con el hecho de que la Academia estaba dando así un espaldarazo (que algunos consideraron definitivo) a la idea de que la literatura no es solamente un texto impreso sino, como dijo un columnista, “un arte que expresa todo el rango de la palabra”. Hay entusiastas que ya están preconizando el día en que sea reconocido con el Nobel un rapero o un narrador oral o hasta alguien que ni escriba ni cante ni hable pero provoque “emociones literarias” en las audiencias... En fin. Lo que nadie tomó en cuenta, o al menos muy pocos, fue la posible reacción del premiado.  

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Pues resultó que tampoco ante la concesión del laurel literario más famoso del mundo Bob Dylan piensa como un escritor común y corriente. Nada de eso. En vez de recibir con alborozo la llamada de Estocolmo y de aparecer sonriente en la foto, el músico se hizo, por usar una expresión popular, “ojo de hormiga”. La Academia no pudo comunicarse con él, solamente enviarle correos a uno de sus ayudantes. Dylan dio un concierto en Las Vegas al día siguiente del anuncio y no comentó nada sobre el Nobel.  A una semana, no se sabe si lo aceptó, si no, si le da lo mismo o si planes asistir a la ceremonia. Quienes pensaban que el premio precipitaría una ola de feliz ascenso a los altares de la cultura popular o quienes, por el contrario, se mesaban las metafóricas barbas, temiendo la irrupción de los bárbaros en el templo de las musas, ahora no saben qué decir.  

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Quizá acepte el premio y vaya a recibirlo de manos de la realeza sueca. Quizá no. Lo claro es que Bob Dylan no tiene prisa. ¿Por qué habría de tenerla? Su leyenda excede al Nobel. Cantó en los principales centros de la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos (su país) y su música está cincelada en la memoria de generaciones; es considerado inspiración de un espectro de artistas que va de los Beatles, Hendrix y Leonard Cohen a Nick Cave y PJ Harvey; su trascendencia desborda a la de casi cualquier literato.  

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Por lo pronto, su silencio tiene con los nervios destrozados a sus detractores y a sus porristas.  Aprovechemos y disfrutemos de esa incertidumbre.

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